El director de Conservación de la Provincia, Eduardo Bauducco, destacó los valores naturales, culturales y marinos del área protegida. También advirtió que el futuro de la reserva dependerá de recursos, guardaparques y presencia real en el territorio.

En diciembre de 2022 se creó el Área Protegida Provincial Península Mitre. Después de décadas, se logró la protección de una zona destacable a nivel mundial por sus ecosistemas y estado de conservación. En Mitre conviven turberas, bosques, naufragios, huellas de pueblos originarios y una de las zonas marinas más ricas del extremo sur. En ese territorio, uno de los más sensibles y valiosos de Tierra del Fuego, ahora empieza otra discusión: cómo se lo cuida de verdad.


El primer taller del Plan de Manejo reunió en Ushuaia a organismos públicos, universidades, comunidades originarias, asociaciones civiles y representantes del turismo. La tarea es definir criterios para ordenar los usos, proteger las zonas más sensibles y evitar que la conservación quede solo escrita en una norma.

Eduardo Bauducco, director de Conservación de la provincia, planteó que el proceso participativo deberá ayudar a identificar qué valores se priorizan y cómo se articulan entre sí. El objetivo, dijo, es “proteger aquellos aspectos de Península Mitre que queremos preservar para las futuras generaciones”, explicó a El Rompehielos. En ese sentido, la presencia de guardaparques y equipos técnicos será determinante.

Península Mitre atrae visitantes y aventureros por sus condiciones extremas, su aislamiento y su singularidad. Pero ese atractivo también puede convertirse en un riesgo si no existen reglas claras, control y educación ambiental. “Sin presencia en terreno es muy difícil fiscalizar lo que se hace, educar a la gente que visita las áreas protegidas”, sostuvo. Y definió a Península Mitre como “un polo magnético” para aventureros, precisamente por esas características que la vuelven única. Por eso, la función de los guardaparques no será sólo operativa. También deberán acompañar, orientar y explicar qué se busca cuidar, y cómo ciertas acciones pueden proteger o degradar los ambientes.

Uno de esos valores aparece con fuerza en el mar. Para Bauducco, Península Mitre “es una zona que tiene gran riqueza marina, mucha biodiversidad, porque es una zona de confluencia de corrientes, una corriente antártica, la corriente de Malvinas, donde explota la biodiversidad”. El Plan de Manejo deberá ordenar esa riqueza y también sus tensiones. Hay zonas donde solo podrán realizarse actividades de muy bajo impacto, otras donde se admitirá turismo o emprendimientos de pequeña escala. La discusión de fondo será hasta dónde se puede usar un territorio sin transformarlo.

Fotos de Adam Moore | Edges Of Earth


Pero el valor de Península Mitre no está solo en su biodiversidad. También está en su historia. “Uno de los ejes importantes de conservación es el valor del patrimonio histórico y cultural que tiene”, remarcó Bauducco. En esas aguas, explicó, hay “un sinnúmero de naufragios” con un contenido que todavía “no se puede mensurar”. Cada tanto, esos restos vuelven a aparecer y permiten reconstruir parte de la historia de quienes navegaron esas latitudes. A eso se suman las huellas de los pueblos originarios y sitios cuyo cuidado será clave a medida que el área reciba más visitantes. “Nos preocupa y nos ocupa tratar de encontrar las formas de cuidar y evitar que con el uso de Península Mitre se vayan destruyendo esos sitios que tienen un valor histórico importante”, afirmó.

Foto de Manuel Fernández Arroyo

Foto de Manuel Fernández Arroyo


Península Mitre pasó a formar parte del Sistema Provincial de Áreas Protegidas, integrado también por el Área Natural protegida Vinciguerra y Valle del Arroyo Chico, las reservas Corazón de la Isla, Río Valdéz, Isla de los Estados, la Reserva Costa Atlántica, Laguna Negra y Playa Larga. Cada una de estas fue identificada y protegida por sus valores ecosistémicos, turísticos e históricos y a su vez representan la diversidad terrestre y marina que habita en Tierra del Fuego. 

Hasta ahora, en los talleres surgieron demandas concretas para que el área protegida cuente con gestión real. “El cuidado de las áreas protegidas no es un gasto, es una inversión en el futuro. Y no solamente en el futuro del área protegida, es una inversión en el futuro de la provincia y de toda la ciudadanía”, afirmó.

Península Mitre ya tiene ley, límites y categorías de protección. Ahora empieza la parte más difícil: convertir esos instrumentos en presencia, recursos y decisiones concretas. Cuidar su mar, sus turberas y su historia dependerá de lo que ocurra, todos los días, en el territorio. El proceso tendrá una nueva instancia el 24 y 25 de junio, con un taller propositivo. Después, las áreas técnicas de la Secretaría, junto con el equipo contratado a través del CFI, la Dirección General, guardaparques y personal de campo de áreas protegidas, deberán terminar la zonificación interna. Según señaló Bauducco, la expectativa es que el Plan de Manejo esté “completo para fin de año, aprobado y refrendado por las autoridades políticas”. Una vez aprobado, será “el documento guía” que orientará las acciones de gestión dentro del área protegida.

Foto de portada de Edges of Earth

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