A diferencia de las montañas, en los cañadones se desciende. En el Cañadón del río Pinturas, ese recorrido hacia adentro revela un paisaje que combina historia humana, tiempo geológico e incontables maneras de recorrer la estepa.

Cuando Guido Vittone piensa en los cañadones, los describe como “montañas invertidas”. Como guía y conocedor del paisaje del noroeste santacruceño, en esa imagen encuentra una clave para entender el Río Pinturas. “En vez de subir, uno desciende… es esto de entrar un poco a la tierra, a la profundidad”.


El recorrido cambia desde el primer momento. A diferencia de la cordillera, donde el horizonte se expande, en los cañadones la vista se acorta, se curva, se esconde. “Nunca se ve muy lejos cuando uno sigue —explica—, hay curvas, hay un permanente suspenso de lo que uno puede llegar a ver”. Incluso volviendo al mismo lugar siempre hay algo por descubrir.

Ese carácter “intrincado” no es común de ver en Santa Cruz. “Los cañadones son bastante menos frecuentes, son casi puntuales”, señala. En la cuenca del Pinturas, sin embargo, esa lógica se multiplica. “Es como un gran nudo de cañadones… una red, un laberinto”, describe, en un paisaje que se desarma y se vuelve a armar a cada paso.

Pero el Pinturas es, sobre todo, un espacio vivido. “Las montañas eran lugares a los que se iba por necesidad, pero no donde se vivía. En cambio, los cañadones sí”, explica, en referencia a las poblaciones que habitaron la zona miles de años atrás.

Esa presencia no quedó en el pasado. Está en las evidencias arqueológicas, pero también en las marcas más recientes. “Refugios de piedra, plantaciones, construcciones, corrales, incluso estancias establecidas en los cañadones mismos”.


Viajar en el tiempo

Recorrer el Pinturas también implica otra escala. “Cuanto más profundo uno va… va hacia lo más antiguo”, dice. Y en ese descenso aparece el tiempo, visible en las paredes del cañadón.

Ese recorrido deja ver cómo se fue formando el paisaje. “Los grandes caudales de agua de los glaciares, las evidencias de su avance… todo eso está ahí”, explica.

Y la presencia humana vuelve esa experiencia más intensa todavía. “El arte en las rocas es tan impactante que nos confronta con nuestra propia mirada”, reflexiona, en referencia a las manos, animales y figuras que quedaron plasmadas en las paredes del cañadón. Rompe, así, una idea que es muy común, porque “parecería que fuera una historia distinta a la nuestra, pero en realidad no lo es… Ellos miraban el cielo nocturno, que es el mismo que vemos nosotros, y pensaban cosas muy similares”.

El Cañadón del Pinturas se siente cercano, aunque no siempre se lo conozca en profundidad. Aun así, hay algo que se repite. Y es que “visitantes y locales no dejan de conmoverse cuando lo recorren”.


El desafío de conservar el Pinturas

Vittone no busca una única forma de leer el lugar. “Hay miradas segmentadas”, dice. Están quienes llegan, sacan una foto y siguen, sin demasiado interés en profundizar. Otros se detienen, preguntan, buscan entender. También aparece el discurso de la conservación, y otra mirada menos visible, que es la de quienes viven y trabajan en el Pinturas.

Guido diferencia y explica, que “si bien es muy distinto el uso que ellos le daban al Cañadón, que les permitía la subsistencia, con el uso actual, que es turístico y recreativo… Aunque podría decir que el Cañadón a mí también me da de comer -dice y se ríe- pero no a través de la caza de guanacos, sino a través de los turistas a quienes les cuento lo que están viendo”. Esto “sí, nos hace pensar sobre las sociedades, el paso del tiempo, las prioridades”.

En ese cruce, el conocimiento también ocupa un lugar. “y para mí es importante saber lo que dicen las publicaciones, los arqueólogos”, señala.


“Cada uno lo puede experimentar como quiera”, dice. Y en esa apertura aparece, quizás, una de las mejores formas de descubrir el Cañadón Pinturas. Es un paisaje que conmueve, que nos hace respirar profundo cuando estamos ante esa imponencia. Y es un lugar que, para entenderlo, primero hay que recorrer hacia adentro.

Guido Vittone comparte esta mirada en charlas y salidas guiadas por la zona, donde combina conocimiento, experiencia y una forma cercana de contar el paisaje. También difunde su trabajo y contenidos en sus redes sociales, donde se lo puede seguir como @guido_vittone_47sur_patagonia

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