Desde el Programa de Salud Sexual y Reproductiva cuestionaron que la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) sea presentada como método anticonceptivo o como causa directa de la caída de los nacimientos. “Eso no lo podemos afirmar como tal”, sostuvo el Dr. Jorge Farina

El Dr. Jorge Farina y la Licenciada en Obstetricia Fabiana D’Ippolito cuestionaron dos ideas que circularon en medios fueguinos: que las mujeres recurren a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) como método anticonceptivo y que la caída de la natalidad se explica por la legalización del aborto y la anticoncepción. Señalaron que los datos no permiten sostener esas afirmaciones, por lo que advirtieron que es necesario abordar esos temas con seriedad.


En los últimos días circularon en medios de Tierra del Fuego dos afirmaciones vinculadas a la interrupción voluntaria del embarazo y a la baja de la natalidad: por un lado, que las mujeres utilizan el aborto como método anticonceptivo; por otro, que la caída de los nacimientos en la provincia se explica por el acceso a la IVE y por el trabajo en anticoncepción. Frente a esas lecturas, desde el Programa de Salud Sexual y Reproductiva plantearon que se trata de interpretaciones simplificadas, que no se corresponden con los datos disponibles ni con la complejidad de las situaciones que atraviesan las personas que acceden a la práctica.

El doctor Jorge Farina, referente del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, fue categórico al rechazar la idea de que pueda afirmarse que el aborto sea utilizado como método anticonceptivo. “Eso no lo podemos afirmar como tal”, señaló, y explicó que, cuando existen situaciones de interrupciones previas, generalmente aparecen asociadas a fallas en los métodos anticonceptivos o a dificultades en la adherencia al método indicado. En ese sentido, remarcó que la mayoría de las mujeres que llegan a la consulta acceden por primera vez a una IVE, un dato que contradice la idea de un uso sistemático de la práctica como reemplazo de la anticoncepción.

En la misma línea, la licenciada en obstetricia Fabiana D’Ippolito, subreferenta del programa, sostuvo que reducir el acceso al aborto a una única causa “no parece correcto”. Según explicó, las situaciones que atraviesan las mujeres son múltiples: condiciones económicas, vínculos de pareja, proyectos de vida, adolescencias y juventudes que no desean interrumpir sus estudios, mujeres que ya tienen hijos y no quieren volver a maternar, situaciones de violencia, presiones familiares o de pareja, consumos problemáticos y distintos contextos personales.

D’Ippolito aclaró que pueden existir casos en los que una mujer no haya sostenido un método anticonceptivo o haya tenido dificultades para cuidar su salud sexual, pero advirtió que eso no permite convertir una situación particular en una conclusión general sobre todas las mujeres. Para la profesional, el problema de esa narrativa es que borra la diversidad de realidades que llegan al sistema de salud y transforma una discusión sanitaria, social y humana en una acusación moral sobre las personas que consultan.

La segunda afirmación cuestionada por los profesionales es la que vincula directamente la baja de la natalidad con la legalización del aborto y con el acceso a métodos anticonceptivos. Farina explicó que, al analizar los nacimientos en el Hospital Regional Ushuaia, la caída comienza a observarse desde 2015, varios años antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Recién desde 2021, con la ley vigente, el sistema cuenta con registros formales de interrupciones, por lo que no hay datos previos comparables que permitan medir cuánto incidía la práctica cuando era clandestina.

Para Farina, la baja de la natalidad no es un fenómeno exclusivo de Tierra del Fuego ni de Argentina, sino una tendencia que se observa a nivel mundial. Entre los factores que mencionó aparecen los cambios en los modelos de familia, parejas que deciden tener un solo hijo, personas que optan por métodos anticonceptivos quirúrgicos, transformaciones en la vida laboral de las mujeres, nuevas pautas de crianza y las condiciones materiales necesarias para sostener la maternidad o paternidad. “Hay otros factores fuera de lo médico que influyen también en la caída de la natalidad”, explicó.

Farina también introdujo una aclaración clave para leer correctamente la comparación entre interrupciones del embarazo y nacimientos. Según explicó, las IVE se realizan en el sistema público porque el sector privado no lleva adelante esta práctica. Dentro del sistema público, además, Ushuaia concentra una mayor cantidad de interrupciones porque en Río Grande y Tolhuin no hay profesionales de segundo nivel que las realicen.

En cambio, los nacimientos se distribuyen entre el sistema público y el privado: de acuerdo con Farina, la cantidad de partos en el sector privado es más o menos similar a la que se registra en el público. Por eso, comparar solo las IVE del sistema público con los nacimientos de un hospital público puede llevar a una lectura incompleta. Si se considera también el sector privado, la cantidad total de nacimientos es considerablemente mayor que la que aparece en el registro hospitalario público, lo que permite inferir que en la provincia los nacimientos superan ampliamente a las interrupciones voluntarias del embarazo.

En definitiva, las declaraciones de Farina y D’Ippolito permiten ordenar el debate público sobre bases más serias. Los datos disponibles no sostienen que las mujeres usen mayoritariamente el aborto como método anticonceptivo, ni permiten afirmar que la caída de la natalidad en Tierra del Fuego sea consecuencia directa de la IVE o de las políticas de anticoncepción. 

Lo que muestran las voces del Programa de Salud Sexual y Reproductiva es otra cosa: que detrás de cada consulta hay trayectorias personales, condiciones económicas, vínculos, violencias, proyectos de vida y decisiones que no pueden explicarse con consignas rápidas ni con lecturas simplificadas.

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