El ajuste nacional volvió a golpear a las Fuerzas Armadas en medio de una crisis que ya combina recortes operativos, sueldos bajos, problemas para sostener servicios básicos y una obra social con deudas millonarias. Según pudo saber El Rompehielos, en el Área Material Río Cuarto, donde operan los F-16 comprados a Dinamarca, se registró un corte de gas por falta de pago.


La crisis en las Fuerzas Armadas empieza a mostrar escenas difíciles de explicar. Mientras el Gobierno nacional exhibe la incorporación de los F-16 como una de las principales apuestas de modernización militar, en distintas unidades crece la preocupación por la falta de recursos para sostener lo más básico. Gas, luz, comida para las guardias y funcionamiento cotidiano aparecen cada vez más en las conversaciones internas.

Según pudo saber El Rompehielos a partir de fuentes castrenses, en el Área Material Río Cuarto, en Córdoba, donde se encuentran los F-16 adquiridos por la Argentina, se registró un corte de gas. Una contradicción fuerte para la política de Defensa, cuando el país avanzó con una compra superior a los 300 millones de dólares, pero al mismo tiempo las partidas de funcionamiento llegan al límite en las propias instalaciones que deben sostener esa capacidad.

En ámbitos militares describen un deterioro extendido de los fondos destinados al funcionamiento diario. No se trata únicamente de grandes programas de reequipamiento o de inversiones estratégicas, sino de gastos elementales para mantener operativas las unidades. “No hay para el gas ni para las comidas de las guardias”, resumió una fuente con conocimiento de la situación.

El nuevo golpe llegó con la modificación del Presupuesto 2026 dispuesta por el Gobierno nacional. La Decisión Administrativa 20/2026, publicada en el Boletín Oficial, reordenó partidas en distintas áreas del Estado y alcanzó de lleno a Defensa. Según las planillas anexas, el ajuste sobre el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y las tres Fuerzas Armadas ronda los 48.900 millones de pesos.

El recorte impacta en programas sensibles para la capacidad operativa. Tal como informó Zona Militar, la Fuerza Aérea pierde 16.500 millones de pesos en alistamiento operacional, una línea vinculada a herramientas, repuestos mayores y equipamiento militar. El Ejército registra una baja de 12.622 millones en maquinaria, transporte y equipo militar. La Armada tiene una reducción neta de 11.820 millones de pesos, aunque el golpe sobre su programa de alistamiento operacional asciende a 15.220 millones, parcialmente compensado por un refuerzo de 4.000 millones en Sanidad Naval.

La crisis presupuestaria se superpone con otro frente delicado para el ministro de Defensa, Carlos Presti: la Obra Social de las Fuerzas Armadas. La semana pasada renunció Sergio Maldonado, quien había asumido apenas dos meses antes al frente de OSFA. Formalmente alegó motivos personales, pero su salida se produjo en medio de una deuda millonaria, prestaciones cortadas en distintos puntos del país y fuerte malestar entre militares activos y retirados.

La situación sanitaria golpea especialmente a familias que dependen de la cobertura para tratamientos, consultas, urgencias y medicamentos. En los últimos meses se multiplicaron los reclamos por interrupciones de servicios, demoras y copagos elevados. El pasivo de la obra social fue estimado en alrededor de 212.000 millones de pesos y, aunque las Fuerzas Armadas aportaron fondos para achicar parte de esa deuda, el conflicto sigue abierto.

El panorama deja al Ministerio de Defensa en una posición incómoda. Para Presti, la crisis de OSFA y la puesta en marcha de los F-16 aparecen como dos frentes centrales de gestión, pero el nuevo ajuste presupuestario tensiona ambos planos. Mientras el Gobierno intenta mostrar una agenda de modernización militar, puertas adentro crece el malestar por los problemas de funcionamiento, la obra social y las condiciones cotidianas en las unidades.

La imagen de los F-16 en Río Cuarto había sido presentada como un salto histórico para la Fuerza Aérea. La Argentina recuperaba una capacidad supersónica perdida y entraba en una nueva etapa de entrenamiento, mantenimiento y adaptación técnica. Sin embargo, la postal que ahora circula puertas adentro es otra. Aviones de combate comprados por cientos de millones de dólares conviven con unidades que tienen dificultades para sostener servicios básicos.

En las Fuerzas Armadas, el malestar no se expresa públicamente con facilidad. La disciplina institucional y la cadena de mando suelen contener los reclamos. Pero en conversaciones reservadas aparece una preocupación cada vez más extendida: muchos militares reclaman poder trabajar con condiciones mínimas, sostener las guardias, mantener los servicios y garantizar atención médica para el personal y sus familias.

Foto de portada Argentina.gob.ar

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