Una campaña científica releva los bosques de algas de la costa atlántica de Tierra del Fuego, un ecosistema que alberga una importante biodiversidad y podría aportar información clave frente a los cambios ambientales.

La Fundación Por el Mar realizó una campaña científica en la Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego para relevar los llamados “bosques fantasmas”, un tipo de bosque de macroalgas que aparece y desaparece con el ritmo de las mareas y que, por sus características, representa uno de los ecosistemas costeros menos estudiados de la provincia. El trabajo en el área protegida permitió cuantificar más de 300 algas, más de 15 especies de invertebrados y vertebrados asociadas, y empezar a reunir información de base sobre un sistema que, además de sostener una importante biodiversidad, podría ser clave para comprender cómo responden estos ambientes a los cambios globales.


“La campaña fue la primera de muchas”, señaló el biólogo Ramiro Braga, referente del equipo científico de la fundación quien detalló que el conocimiento y la experiencia del equipo técnico de la Secretaría de Ambiente de la provincia resultaron fundamentales para el estudio. Según precisó, el objetivo es “explorar, investigar y difundir los bosques intermareales de Macrocystis pyrifera y su biodiversidad asociada en la costa atlántica fueguina, generando información clave para su monitoreo y conservación”.

Pulpo. Foto gentileza de Ramiro Braga


Cristian Lagger, director científico de la fundación, explicó que el término “bosques fantasmas” se refiere a los bosques de macroalgas que se desarrollan en la zona intermareal, es decir, en el sector costero donde la marea sube y baja diariamente. En Tierra del Fuego están dominados por la especie Macrocystis pyrifera, comúnmente conocida como cachiyuyo. “Se los llama ‘fantasmas’ porque aparecen y desaparecen con el ritmo de la marea son muy visibles en bajamar y prácticamente invisibles en pleamar”, comentó.

La campaña que empezó a revelar qué esconden estos bosques

“Estamos estudiando no solo esta especie de macroalga gigante que conforma ese bosque, sino también la fauna que habita en él, desde los organismos más pequeños hasta los llamativos tiburones y rayas”, explicó Ramiro Braga. Esa amplitud en la observación es importante porque permite entender el bosque no como una especie aislada, sino como una estructura que organiza y sostiene múltiples formas de vida.

Fotos gentileza de Por el Mar


Durante esta primera campaña, el equipo trabajó sobre distintos estratos del intermareal, desde el sector somero cercano a la costa hasta áreas intermedias y más profundas, hacia el mar. Allí lograron medir más de 160 algas y registrar más de 15 especies de invertebrados y vertebrados. Braga subrayó que se trata de un ecosistema “poco estudiado, con escasez de muestreos y de registros históricos”.

Un sistema dinámico, biodiverso y clave frente a los cambios del océano

Braga contó que, a primera vista, las algas suelen verse “limpias”, sin organismos creciendo sobre su superficie. Sin embargo, esa primera impresión cambia cuando se observa con más detalle. “Si uno empieza a buscar entre las algas, el panorama cambia. La mayor parte de la vida se encuentra resguardada bajo las rocas”, explicó. Allí aparecen estrellas de mar, quitones, caracoles, pulpos y pequeños crustáceos como isópodos. En las pozas de marea también pueden verse peces que quedan temporalmente atrapados cuando el mar baja.

Fotos gentileza de Por el Mar


“Cuando el mar vuelve a cubrir el área, el escenario cambia por completo y también aparecen especies más móviles y llamativas, como tiburones y rayas”, señaló el biólogo. “Este tipo de dinámica, junto con la diversidad observada, indica que se trata de un sistema altamente activo, dinámico y funcional, donde las interacciones ecológicas ocurren de manera constante y estructuran la comunidad”, sostuvo.

En esa misma línea, Braga remarcó que estos bosques constituyen verdaderos refugios para numerosas especies de la región, porque proporcionan hábitat, alimento y protección frente a condiciones ambientales adversas. 

Según Cristian Lagger, a nivel global muchos bosques de algas están en retroceso. En algunos sitios, estos procesos ya derivaron directamente en la desaparición de bosques enteros. “En nuestras costas, estos bosques intermareales aún persisten, pero, por sus características particulares y su escasez a nivel mundial, resultan especialmente valiosos para el estudio”, explicó Lagger. También señaló que comprender su dinámica y monitorear su estado es clave porque estos bosques podrían funcionar como refugios ante cambios ambientales o como indicadores tempranos de procesos que más adelante podrían observarse en otros sistemas de kelp.

Foto gentileza de Por el Mar


En la provincia existe además un marco normativo específico. Lagger recordó que la ley 1589 regula el manejo sostenible del bosque de algas. Para el equipo, contar con esa herramienta de protección es importante y es necesario seguir generando conocimiento sobre estos ambientes.

La campaña también busca vincular la investigación científica con la comunidad. Braga señaló que generar información rigurosa es clave para la conservación, pero que su impacto depende de que estos ambientes sean conocidos y valorados socialmente. “Conocer estos ambientes, valorarlos y difundir su importancia ayudan a protegerlos en el tiempo”, afirmó. En ese sentido, el trabajo apunta a acercar a la comunidad de Río Grande al mar y a poner en valor un ecosistema que forma parte del patrimonio natural de la provincia.

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