Durante años, la ganadería santacruceña dependió de alimentos balanceados que llegaban desde otras provincias. En contextos normales, eso encareció costos. En situaciones extremas —como los inviernos duros—, expuso la falta de producción local. Esa escena empieza a cambiar con la puesta en marcha de la Planta de Alimentos Balanceados Pioneros, una iniciativa inédita en la provincia que busca dar respuesta desde adentro al corazón del sistema productivo.
La semana pasada, el Consejo Agrario Provincial reunió a técnicos, productores y organismos científicos para ordenar criterios y acelerar definiciones. El encuentro marcó un punto de inflexión, porque ya no se trata solo de instalar una planta, sino de construir una cadena productiva que arranca en el campo santacruceño y vuelve al campo, transformada en nutrición animal.



La reunión se realizó en la sede del CAP y estuvo encabezada por su presidente, Hugo Garay, junto a los vocales Emilio Rivera y Miguel O´Byrne. Participaron Santa Cruz Puede SAU, la Federación de Instituciones Agropecuarias Santacruceñas, productores de AgroCalafate y equipos técnicos del INTA y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.
Rivera explicó que el encuentro respondió a un pedido del gobernador Claudio Vidal para estimar la demanda real, definir qué alimentos producir y qué insumos generar en la provincia. La planta se instala en Río Gallegos y llega desde Rafaela con tecnología pensada para escala patagónica: capacidad cercana a 2.500 kilos por hora en formato pelletizado.
La producción apuntará a ovinos y bovinos, además de aves y cerdos, con fórmulas adaptadas a especie y estado fisiológico. La diferencia no está solo en la máquina, sino en el origen de los insumos.
Insumos santacruceños, más valor en la cadena
El proyecto apuesta a materias primas locales. Los valles bajo riego de Gobernador Gregores, Perito Moreno, Los Antiguos y Lago Posadas aparecen como piezas centrales, junto a experiencias en secano en zonas precordilleranas y cordilleranas. Desde el CAP ya impulsaron siembras en unas 100 hectáreas con cereales de invierno y leguminosas. En paralelo, Santa Cruz Puede desarrolla ensayos en la estancia Cerro Frías–Ea Alice, en El Calafate, con cosechas previstas para los próximos meses. A ese recorrido se suman evaluaciones acumuladas por el INTA y otros equipos técnicos, que aportan conocimiento local.

La mirada productiva va directo a un cuello de botella conocido. “Existe una brecha grande entre lo que producimos y lo que podríamos producir. La nutrición explica buena parte de esa diferencia”, señaló Rivera. La planta busca cerrar ese margen con una respuesta concreta y sostenida.
El invierno de 2024 dejó una enseñanza clara. El Estado provincial debió comprar y distribuir cerca de 1.700 toneladas de alimento balanceado, casi todo traído desde otras provincias. La logística resultó compleja y costosa. Con producción local, el escenario cambia: se reduce la dependencia, bajan costos y se gana capacidad de anticipación.
“Producir acá nos permite responder en emergencias y también prevenir”, planteó Rivera. El concepto atraviesa todo el proyecto: pasar de apagar incendios a planificar con previsibilidad.

Un trabajo colectivo que recién empieza
La planta Pioneros se construye con productores, organismos técnicos y el Estado, compartiendo información y acordando prioridades. Es una producción nueva para Santa Cruz, con demanda concreta y proyección a largo plazo. El desafío no termina cuando la máquina se encienda. Recién ahí empieza el verdadero trabajo: sostener una cadena que agregue valor en origen y fortalezca a la ganadería provincial.
El paso está dado. Ahora, la pregunta abierta es cómo se integrará esta herramienta a un modelo productivo que necesita tiempo, escala y continuidad para mostrar todo su potencial.