El investigador del CONICET Sergio Vizcaíno repasó en LU14 Radio Provincia más de veinte años de trabajo en la Formación Santa Cruz, el yacimiento que dio nombre a la Edad Santacrucense.
Vizcaíno, quien el año pasado brindó la charla “Fósiles y paleoecología en Santa Cruz durante el Mioceno Temprano” y mantiene un trabajo articulado con el Museo Padre Manuel Jesús Molina —dependiente del Gobierno de Santa Cruz, a través de la Secretaría de Estado de Cultura— fue entrevistado en LU14 Radio Provincia. Repasó el camino recorrido y planteó un desafío claro: consolidar el desarrollo científico en la provincia.
La Formación Santa Cruz se extiende por buena parte del territorio provincial. En Río Gallegos puede verse en los paredones camino al aeropuerto y en el corte geológico del cruce de las rutas nacionales 3 y 5. Aparece también en las barrancas desde Cabo Buen Tiempo hasta el río Coyle. Más al norte, aflora en cercanías del Parque Nacional Monte León, continúa por el río Santa Cruz, se acerca a Gobernador Gregores, al Parque Nacional Perito Moreno y llega hasta la zona de Lago Posadas.
Son sedimentos depositados en antiguas planicies de inundación, cargados de materiales que descendían desde lo que hoy es la cordillera, asociados a erupciones volcánicas y cenizas. En términos geológicos, abarcan unos pocos millones de años. En términos evolutivos, guardan una transformación profunda.
Un laboratorio natural aislado del mundo
Durante ese período, América del Sur estaba aislada. Había perdido la conexión con la Antártida y aún no existía el puente con América Central. Ese aislamiento convirtió al continente en un laboratorio biológico único. Mamíferos y aves evolucionaron con rasgos propios, mientras algunos grupos —como monos y roedores— lograron emigrar.
En esas capas se encuentra la fauna que más tarde se denominó “Edad Mamífero”, rebautizada como Edad Santacrucense en referencia al lugar donde fue estudiada en profundidad. Vizcaíno explica que la Argentina posee una riqueza paleontológica excepcional, y que la Formación Santa Cruz ocupa un lugar central en la historia evolutiva sudamericana.
El interés por estas rocas tuvo su auge a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Luego, la atención disminuyó. “Retomamos su estudio con herramientas y enfoques actuales, lo que nos permitió realizar un análisis más integral de la fauna y establecer cambios ecológicos significativos en la provincia”, señaló.

El trabajo de campo y el resguardo del patrimonio
Cada campaña implica planificación, permisos y protocolos estrictos. La Ley de Conservación del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico obliga a notificar cualquier hallazgo a la Dirección Provincial de Patrimonio, que autoriza procedimientos y traslados. Nada se mueve sin registro.
Vizcaíno integra el equipo junto a la paleontóloga Susana Bargo, colega en la Universidad Nacional de La Plata, y especialistas del exterior. No es lo mismo extraer un fósil en la costa que en Monte León. Cada terreno exige una metodología distinta. En el campamento catalogan el material, elaboran informes y, con autorización, trasladan los restos a La Plata para su estudio. Una vez finalizadas las investigaciones, los fósiles regresan a Santa Cruz, porque forman parte del patrimonio provincial, nacional y de la humanidad.
El vínculo con el Museo Molina resulta sostenido. Hay registros audiovisuales de las campañas, aunque toda filmación requiere autorización provincial y de los propietarios de los campos. “Con los hallazgos obtenidos, hay material suficiente para realizar un documental de gran nivel”, sostuvo.
Tras más de dos décadas, el equipo se encuentra cerrando las tareas de campo con una última visita a Río Turbio. Publicaron síntesis científicas sobre la costa del río Coyle y el río Gallegos, estudios sobre el río Santa Cruz y avanzan ahora con conclusiones en el río Chalía, Lago Cardiel y la zona de Gobernador Gregores. En el área del Parque Nacional Monte León observan la secuencia más completa desde los estratos más antiguos hasta los más modernos.
Antes de cerrar la entrevista, Vizcaíno valoró el compromiso del personal del Museo Molina, aunque planteó la necesidad de fortalecer aspectos estructurales y logísticos. “Si comunicamos y explicamos estos hallazgos, más estudiantes se acercarán al museo con interés por investigar. En estos veinte años hemos generado un compromiso muy fuerte con la colección y con su gente”, afirmó.