Acá también pasaron cosas.

En Santa Cruz, un trabajo reciente de reconstrucción documental permitió volver a poner rostro a quienes fueron detenidos-desaparecidos. La investigación, impulsada por el Centro de Estudios Estratégicos en Justicia y Sociedad (CEJUS) y desarrollada por la licenciada Carolina Chiramberro, recupera imágenes e historias que durante años permanecieron dispersas o incompletas. Con la intención de no solo recabar archivos y datos, sino de volver a nombrarlos.

Entre esas historias aparecen docentes, trabajadores, estudiantes, militantes. Personas que nacieron, vivieron o pasaron por Santa Cruz.


Nombres que siguen presentes en Santa Cruz

Viviana Admetlla era docente, escribía, pintaba y militaba. Vivió en El Calafate y en Río Gallegos. La secuestraron en 1978, en La Matanza. Su historia también habla de una persecución que alcanzó a toda su familia.

Juan José Antúnez era conscripto y militante. Desapareció en 1977 en Río Gallegos, en un caso rodeado de versiones oficiales que nunca lograron explicar lo ocurrido.

Andrés Armendáriz Leache trabajaba como delegado gremial y militaba. Lo secuestraron en 1977 y días después apareció asesinado. Había vivido en Puerto Deseado.

Adriana Barcia, nacida en Río Turbio, era docente, ar

Juan José Antúnez era conscripto y militante. Desapareció en 1977 en Río Gallegos, en un caso rodeado de versiones oficiales que nunca lograron explicar lo ocurrido.

Andrés Armendáriz Leache trabajaba como delegado gremial y militaba. Lo secuestraron en 1977 y días después apareció asesinado. Había vivido en Puerto Deseado.

Adriana Barcia, nacida en Río Turbio, era docente, artista y militante. La secuestraron en Tucumán en 1976.

Marta Borrero Garay nació en Río Gallegos. Era licenciada en publicidad y militante. La secuestraron en Buenos Aires en 1977 y desde entonces permanece desaparecida.

Ricardo Alberto Cittadini Sánchez había nacido en Gobernador Gregores. Estudiaba Ciencias Económicas y militaba. Lo secuestraron en 1976.

Margarita Delgado Guaquel, de Perito Moreno, militaba. Secuestrada en 1977.

Liliana Elisabeth Franco trabajaba en ENTEL, era activista sindical y militante. Había nacido en Río Gallegos. La secuestraron en 1977.

Héctor Manuel Irastorza era médico veterinario, conscripto y militante. Lo secuestraron en Puerto Deseado en 1977.

Pedro Llorente Serrano vivía en Trelew, pero lo secuestraron en Río Gallegos en 1977.

Federico Gerardo Lüdden Lehmann, nacido en Las Heras, era físico e investigador del CONICET. Era físico e investigador del CONICET. Lo secuestraron en La Plata en 1976.

Reinaldo Oscar Rampoldi había vivido en Cañadón Seco y Caleta Olivia. Militaba. Lo asesinaron en 1976.

Juan Carlos Rosell nació en Río Gallegos. Fue diputado provincial. Lo secuestraron en 1976.

Daniel Alberto Toninetti se había radicado en Río Gallegos. Lo secuestraron en La Plata en 1977.

Inés Magdalena Uhalde nació en Puerto Deseado. Estudiaba Filosofía. La secuestraron en Córdoba en 1976.

Delmiro Segundo Villagra, de Río Turbio, estudiaba Veterinaria. Fue desaparecido en La Plata en 1976.

Joaquín Cornelio Barrena era trabajador de Gas del Estado y militante sindical. Había pasado por Pico Truncado. Fue asesinado en 1976.

Gerardo Brugo Marcó había vivido en Río Gallegos. Militaba y trabajaba en el ámbito bancario. Fue desaparecido en 1981.

Walmir Oscar “Puño” Montoya creció en Caleta Olivia. Militaba. Lo secuestraron en 1977 y permanece desaparecido.

Las historias son distintas, los recorridos también. Sin embargo, la interrupción violenta de sus vidas y el intento de borrar sus huellas es el denominador común. Es por eso que cada foto recuperada, cada dato reconstruido, hace las veces de resistencia frente a ese intento.

Crédito Foto: La Opinión Austral

Nombres que siguen presentes

En Tierra del Fuego, el ejercicio de memoria también se sostiene desde los relatos y los nombres propios. Medios fueguinos y registros periodísticos han reconstruido las historias de quienes nacieron o crecieron en la provincia y fueron víctimas del terrorismo de Estado.

Guillermo Carlos Barrientos Vargas tenía 24 años cuando lo secuestraron en Córdoba en 1977. Era obrero y estudiante de ingeniería. Nunca volvió.

Juan Carlos Mora, nacido en Río Grande, estudiaba Medicina en La Plata. Lo secuestraron junto a su compañera Silvia Amanda González, que estaba embarazada. Su hijo nació en cautiverio y aún hoy su historia sigue atravesada por la búsqueda de identidad.

Carlos Juan “Tuqui” Newbond trabajaba en la Casa de Tierra del Fuego en Buenos Aires. Militaba en la universidad. Fue secuestrado en 1977.

Gustavo Alejandro CABEZAS. Desaparecido el 10 de Mayo de 1976. Tenía 17 años al momento de su detención-desaparición. Era estudiante de secundaria y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES)

Crédito Foto: LATDF


Y también está la historia de Florencia Angélica Rojas, docente, asesinada en Río Grande en 1982. Un hecho ocurrido ya en el final de la dictadura, pero que condensa el clima de violencia y arbitrariedad de esos años.

El conscripto Miguel Ángel Hoyo (Legajo N° 2278) cumplía con su servicio militar en la Base Naval. Lo secuestraron el 3 de julio de 1977, en el vuelo en el que regresaba a Buenos Aires para recibir la baja.

Leandro Jorge Campo Lucci, de 24 años, fue secuestrado en Ushuaia el 1° de febrero de 1979, según la CONADEP (N° 9543). Hasta hoy no hay precisiones sobre su destino ni registros de su paso por centros clandestinos.

Las fuentes periodísticas de la provincia —entre ellas trabajos publicados por medios como El Sureño o Crítica Sur— permiten reconstruir estas trayectorias y sostenerlas en el presente sin perder precisión ni contexto.

La memoria como práctica cotidiana

No todas las historias están completas y la historia en sí misma sigue abierta.

Las Madres lo dijeron desde el comienzo: nombrar es devolver identidad. Frente a un plan que buscó desaparecer personas y también sus rastros, la memoria aparece como una forma de reconstrucción.

En el sur, esa tarea no siempre fue visible. Durante años, muchas de estas historias quedaron dispersas, contadas en voz baja o registradas de manera fragmentaria. Hoy empiezan a ordenarse, a encontrarse, a ocupar un lugar.

A 50 años, la memoria es más que un acto conmemorativo. Es una práctica.

Es volver a mirar estas historias desde acá, desde la Patagonia, entendiendo que lo que pasó no fue ajeno ni distante. Que también atravesó estas ciudades, estas familias, estas comunidades.

Y que, frente a cualquier intento de relativizar o diluir lo ocurrido, hay algo que sotenemos. Y es que no todo es lo mismo. No todo puede ponerse en el mismo lugar.

Por eso, incluso desde el sur, incluso desde estas geografías que muchas veces quedan al margen del relato central, la memoria sigue diciendo lo mismo.

Nunca Más.

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