A 22 años de la tragedia de Mina 5, vecinos, familiares y trabajadores participaron de las actividades que cada junio mantienen viva la memoria de los 14 mineros fallecidos en el socavón.

Cada 14 de junio, la Cuenca Carbonífera encuentra una manera de volver sobre una de las heridas más profundas de su historia. No se trata solamente de recordar una fecha. Tampoco de una ceremonia repetida. Es un ejercicio colectivo de memoria que atraviesa generaciones y que vuelve a reunir a familiares, trabajadores, vecinos y autoridades alrededor de un mismo nombre: Mina 5.

A 22 años de la tragedia que costó la vida de 14 mineros, Río Turbio y 28 de Noviembre desarrollaron una nueva serie de homenajes para recordar a quienes murieron mientras trabajaban en el yacimiento carbonífero.


La vigilia realizada durante la noche del 13 de junio volvió a convertirse en uno de los momentos más significativos. En el Monumento a la Memoria de los Mineros, ubicado en el acceso a 28 de Noviembre, las antorchas comenzaron a encenderse una a una mientras familiares y vecinos acompañaban el acto en silencio.

Una memoria que se transmite

Durante la vigilia hubo espacio para las palabras de referentes religiosos, familiares y trabajadores. También para las nuevas generaciones.

Uno de los momentos más destacados fue la lectura de una poesía por parte de una niña de la comunidad, un gesto que reflejó cómo el recuerdo de aquella tragedia sigue formando parte de la identidad colectiva de la Cuenca.

Las intervenciones coincidieron en una idea: la necesidad de mantener viva la memoria de los trabajadores fallecidos y de seguir reflexionando sobre las condiciones laborales dentro de la actividad minera.

En ese marco también se realizó el encendido de una decimoquinta antorcha, destinada a recordar a todos los trabajadores que perdieron la vida en el yacimiento a lo largo de su historia.

FOTOS: ROMINA ABALOS / LA OPINIÓN AUSTRAL


Sirenas, cascos y memoria

El cierre de la vigilia estuvo marcado por el sonido de las sirenas. Para muchos vecinos, ese instante remite inevitablemente a aquellos días de junio de 2004, cuando ambulancias, bomberos, policías y brigadas de rescate trabajaron durante jornadas enteras tras el incendio ocurrido en el interior de Mina 5.

Las actividades continuaron este domingo con una misa, el acto central en la Plaza del Minero y el tradicional responso en la boca de mina, uno de los espacios más simbólicos para familiares y trabajadores.

Este año, además, se incorporó un nuevo casco al memorial instalado en el Centro Cultural Renato Nestiero Maré. La iniciativa busca representar a todos los mineros fallecidos a lo largo de la historia de YCRT, ampliando un homenaje que nació para recordar a los 14 trabajadores muertos en la tragedia de 2004.

Veintidós años después, la fecha sigue ocupando un lugar central en la memoria santacruceña. No sólo por lo que ocurrió aquella madrugada, sino porque cada aniversario vuelve a poner en primer plano una historia que la Cuenca decidió no olvidar.

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