En La Señalada ya funcionan nuevas yurtas de madera, una alternativa para quienes quieren dormir en la estepa sin acampar. Desde ahí, comienzan los senderos del Portal Cañadón Pinturas, se llega al Planetario y, desde esta temporada, también se puede llegar en colectivo.
En Parque Patagonia, quedarse a dormir también forma parte del viaje. En el camping La Señalada, esa idea se traduce en una propuesta que hasta ahora no existía en el lugar: “Yurtas patagónicas”, unos refugios construidos en madera ubicados en la estepa, inspirados en los clásicos refugios de montaña, pensados para quienes quieren estar más cerca del paisaje sin dejar de lado la comodidad.
Una nueva alternativa para quedarse en el parque
“La idea surgió porque nos faltaba una propuesta para quienes prefieren una estadía un poco, más agreste pero con comodidades”, cuenta Natalia Correa, Coordinadora de Desarrollo de destinos de turismo de naturaleza en Parque Patagonia. “El parque recibía viajeros en ruta, familias y grupos de amigos que no acampan ni viajan en camper, pero que igual querían quedarse en La Señalada. Hasta ahora no había una opción pensada para ellos. Las “yurtas” vienen a resolver esa necesidad”.

No son carpas, pero tampoco hostería. Están construidas sobre parapetos que protegen del viento. “Uno siente la brisa y el aire fresco del lugar mientras está acomodado en su cama”, explica. Tienen ropa de cama, almohadas, mesa para compartir el día y una estructura sólida que permite descansar protegido del viento y sin perder el contacto con la estepa.
La ubicación no es casual. La Señalada es el punto neurálgico del Portal Cañadón Pinturas. A pocos metros se encuentra el Centro de Interpretación y el Planetario y desde ahí se accede a la red de senderos sin necesidad de volver a subir al vehículo. Desde el mismo sitio parte el sendero hacia Cañadón Pinturas y Bajada de los Toldos, que permite conectar con la zona de Cueva de las Manos y regresar por Vertientes o Balcones.
Desde La Señalada también parte el sendero Vertientes que se puede combinar con el sendero de la Guanaca. “Tiene una vista increíble desde el Cerro Amarillo, donde se ve la confluencia del Cañadón Caracoles con el Cañadón Pinturas”, describe Naty. Para quienes buscan un desafío mayor, menciona la Huella de Gradin, un recorrido de 12 kilómetros pensado para senderistas con más experiencia.

La clave es que todo puede hacerse a pie. “Quien está hospedado en las yurtas puede vivir la experiencia de recorrer el parque sin necesidad de volver a subirse al vehículo”, explica. El ritmo cambia cuando el día empieza y termina en el mismo punto de la estepa.
“El lugar también es ideal para el avistaje de fauna. Los guanacos y choiques son parte de la experiencia y en Balcones o en Bajada de los Toldos se suele ver el chinchillón anaranjado, que es endémico, y desde la Guanaca es muy común observar cóndores”, cuenta. Las salidas con guías locales permiten atravesar distintos ambientes, pasar por vertientes y humedales en restauración y comprender cómo el paisaje vuelve a poblarse de su fauna nativa.
Fogón, cielo abierto y comunidad viajera
En La Señalada, el día se estira más allá de la caminata. Las “yurtas” invitan a quedarse alrededor del fogón comunitario, a cocinar al fuego, a compartir historias con otros viajeros mientras cae la tarde y el cielo empieza a llenarse de estrellas.
“Este lugar habilita mucho el compartir viajero de la Patagonia”, dice Naty. Familias con chicos, grupos de amigos, amigos en ruta. La estructura funciona como un gran refugio con vista al cielo, cómodo y dinámico.

“La recomendación es quedarse al menos dos noches”, insiste Naty. No solo para recorrer la red de senderos con tiempo, sino para poder coordinar una salida de avistaje, compartir un fogón y disfrutar de los cielos patagónicos desde ese mismo punto, sin apuros y sin resignar circuitos.
Esa experiencia, además, hoy es más accesible. La empresa Chaltén Travel inauguró una parada en la entrada del Portal Cañadón Pinturas, lo que permite llegar en colectivo desde otros destinos de la región. “Tener parada de colectivo en Parque Patagonia es un gran avance”, señala. Desde ahí, el equipo del parque coordina el traslado interno hasta La Señalada para quienes lo necesiten.
Hoy, elegir quedarse en Parque Patagonia también es elegir el ritmo del viaje. Uno, en el que el día empieza con senderos a pocos pasos y otro, cuando termina frente al fogón, bajo un cielo abierto que no necesita filtros.
