El equipo de conservación del Parque Provincial Patagonia Azul registró por primera vez una ballena azul en aguas del área protegida. El hallazgo refuerza la importancia de ampliar y conectar las áreas marinas para proteger especies en peligro.
Lo que comenzó como una salida técnica de rutina terminó convirtiéndose en una escena difícil de olvidar. El equipo navegaba frente a la costa chubutense realizando tareas de fotoidentificación de ballenas jorobadas cuando, entre saltos y soplidos, apareció una silueta que rompía toda escala conocida.

Avistaje – Pat. Azul – Lucas Beltramino
“Salimos un ratito a navegar. Tenemos un proyecto de fotoidentificación enfocado principalmente a ballenas jorobadas y, como el pronóstico anunciaba buen clima, aprovechamos la ventana”, contó el biólogo Tomás Tamagno, integrante del equipo de campo.
La jornada había empezado intensa. A los pocos minutos de zarpar, observaron varios ejemplares de jorobadas saltando en simultáneo. “En un momento teníamos varias alrededor nuestro”, recordó. Hasta que algo distinto emergió entre las olas.
Un gigante entre las jorobadas
“Sale del agua y era distinta, era gigante, muchísimo más grande que cualquier otra que hayamos visto”, relató Tamagno. En esa zona también es frecuente la ballena sei, pero el tamaño y la coloración no dejaban dudas.
El equipo se acercó con cautela para intentar la identificación. “Nos encontramos con una ballena azul. Por suerte pudimos tenerla relativamente cerca para sacar buenas fotos”. El animal se desplazaba con velocidad hacia mar adentro. Minutos después se perdió entre la espuma, pero el registro ya estaba asegurado.

Avisateaje – PH – Tomás Tamagno.jpeg
Se trata del animal más grande que haya habitado el planeta, incluso por encima de las especies extinguidas. La subespecie antártica (Balaenoptera musculus intermedia) puede alcanzar hasta 30 metros de largo y pesar más de 100 toneladas. Para dimensionar la diferencia: una ballena jorobada, la más común en el parque, mide hasta 16 metros y pesa entre 25 y 35 toneladas.
Hasta ahora no existían registros documentados de ballena azul dentro de los límites del Parque Patagonia Azul. “Nunca la habíamos visto en todos los años que venimos trabajando y saliendo frecuentemente al mar”, afirmó el biólogo.
Lo que significa este registro
El avistaje aporta información valiosa para la región. La ballena azul se encuentra catalogada como especie “En Peligro”. La cacería comercial del siglo XX redujo sus poblaciones a niveles mínimos en el hemisferio sur, y su recuperación avanza de forma lenta.
A diferencia de otras ballenas barbadas, la azul se alimenta durante todo el año. Consume entre tres y cinco toneladas de krill por día, lo que abre interrogantes sobre su presencia en el sector. “Es interesante pensar que quizás no esté solo de paso, sino que también encuentre alimento en estas aguas”, señaló Tamagno, aunque aclaró que aún existen muchas incógnitas sobre sus desplazamientos en el Mar Argentino.
La confirmación de la especie dentro del parque refuerza la importancia de las áreas marinas protegidas y de su conectividad. Cuanto más amplia y articulada sea la red de protección, mayores serán las garantías para especies que recorren miles de kilómetros expuestas a amenazas como las colisiones con embarcaciones.

Para el equipo, el momento tuvo algo de regalo inesperado. “Fue un día increíble, rodeados de jorobadas que saltaban y con la aparición de este ejemplar. Estamos muy contentos de haber podido confirmar su presencia en el parque”, cerró Tamagno.
A veces el mar no avisa. Simplemente abre espacio y deja ver lo que habita en su profundidad. Esta vez, dejó asomar al más grande de todos.
Foto de portada ilustrativa