En Buenos Aires, entre pasillos repletos de libros y voces que llegan desde distintos puntos del país, hubo un momento en el que la Patagonia se hizo oír distinto. No desde el ruido, sino desde la memoria.

En el stand del Ente Cultural Patagonia, la propuesta “Patagonia musiquera: Historia y memoria” reunió a quienes cantan, pero también a quienes se detienen a pensar de dónde viene ese canto. Ahí estuvo Oscar Payaguala, con 50 años de recorrido, acompañado por Diego Aguirres, Néstor Cheuqueman y Marcelo Falcón.

canto patagónico Santa Cruz


La escena tuvo algo de encuentro y de homenaje. Relatos, canciones y proyecciones se fueron entrelazando para reconstruir una historia que no siempre estuvo escrita. “Si nosotros dejábamos pasar esta oportunidad, la historia quedaba renga”, dijo Payaguala, con esa mezcla de emoción y responsabilidad que atraviesa toda su obra.

No habló solo de pasado. También hubo una mirada hacia lo que viene. “Nosotros llegamos a donde estamos porque fuimos consecuentes con lo nuestro”, sostuvo, y en esa frase se condensó una postura clara frente a un presente donde muchas veces lo inmediato pesa más que la raíz.

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En ese recorrido, Santa Cruz apareció como punto de partida. “El libro hace referencia a que Santa Cruz es la cuna del canto patagónico”, señaló, nombrando a quienes dejaron huella y sostuvieron una forma de decir desde este lado del mapa. La idea no es fijar una postal, sino recordar que hay una identidad que se construyó en la estepa, en los pueblos, en las voces que insistieron.

Una historia que también se escribe desde lo vivido

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La jornada también tuvo otro registro, más íntimo. El docente y escritor Juan Cruz Teyra Morgó presentó Emociones del Infierno, un libro atravesado por una experiencia personal difícil y por la necesidad de volver a tomar la palabra. “Es contar cómo es volver a una escuela nuevamente en condición de inocente”, explicó. Una escritura que aparece como forma de reparación y de memoria.

En medio de la Feria Internacional del Libro, donde todo parece multiplicarse, Santa Cruz eligió detenerse en algo más sencillo y más profundo a la vez: contar quiénes somos, de dónde venimos y por qué algunas cosas —como el canto— no se negocian.

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