A 44 años del ataque británico, la Gaceta Marinera reconstruyó la odisea del pequeño buque argentino que fue alcanzado por misiles en la Guerra de Malvinas, perdió a ocho tripulantes y logró regresar al continente tras navegar dos días casi a ciegas.

La madrugada del 3 de mayo de 1982, mientras la Guerra de Malvinas atravesaba uno de sus momentos más dramáticos, el aviso ARA “Alférez Sobral” protagonizó una de las historias más recordadas de resistencia naval en el Atlántico Sur. Según publicó la Gaceta Marinera, el buque navegaba hacia la zona de combate para rescatar a pilotos de un avión Canberra derribado cuando fue atacado por helicópteros británicos Lynx, a unas 70 millas al norte de las Islas Malvinas.

Uno de los misiles impactó de lleno en el puente de comando y en la sala de comunicaciones. El ataque provocó la muerte de ocho tripulantes, entre ellos el comandante del buque, capitán de corbeta Sergio Gómez Roca. La nave quedó gravemente dañada, sin instrumentos de navegación en condiciones y con focos de incendio activos.
En medio de ese escenario, el segundo comandante, teniente de navío Sergio Bazán, asumió el mando. La tripulación logró controlar los daños más urgentes, reparar de manera precaria el timón y comenzar el regreso hacia el continente. Durante la navegación, debieron orientarse con brújulas terrestres y restos de un compás, sin calefacción, con sectores inundados y sin posibilidad de preparar comida caliente.
Después de dos días de navegación en condiciones extremas, un helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina localizó al buque, evacuó al herido más grave y lo guió hacia otras unidades argentinas. El ARA “Alférez Sobral” logró finalmente ver la costa de Puerto Deseado el 5 de mayo y amarrar esa misma noche.

La Gaceta Marinera recordó que el combate del 3 de mayo dejó inscripto el nombre de sus 49 tripulantes en la historia naval argentina, junto al de los ocho marinos que murieron en acción: Sergio Gómez Roca, Claudio Olivieri, Mario Alancay, Daniel Tonina, Sergio Medina, Ernesto del Monte, Roberto D’errico y Héctor Dufrechou.
El “Sobral”, bautizado en homenaje al primer marino argentino que invernó en la Antártida, fue reparado en la Base Naval Puerto Belgrano y continuó navegando durante más de tres décadas. Su historia permanece como una de las odiseas más emblemáticas de la Armada Argentina durante la Guerra de Malvinas.