A 44 años del hundimiento del ARA General Belgrano, la discusión sobre si fue un crimen de guerra volvió al centro de la escena tras los dichos del ministro Carlos Presti. El ataque británico ocurrió fuera de la zona de exclusión, dejó 323 argentinos muertos y 770 sobrevivientes. Uno de ellos es Martín Vargas: esta es su historia y la de sus compañeros que aún descansan en el fondo del mar.
El 2 de mayo no es solo una fecha de homenaje. Es el aniversario de uno de los hechos más dolorosos y discutidos de la Guerra de Malvinas: el hundimiento del ARA General Belgrano, torpedeado por el submarino británico HMS Conqueror fuera de la zona de exclusión establecida por el Reino Unido.
El ataque dejó 323 argentinos muertos y 770 sobrevivientes, según la Armada Argentina. Entre esos hombres que lograron sobrevivir a la tormenta, al frío y a la deriva estaba Martín Vargas, cuyo testimonio fue registrado por El Rompehielos.
“En cincuenta minutos, el barco se hundió”, recuerda Vargas. Luego vinieron las balsas, el temporal, el frío y una noche cerrada en el Atlántico Sur: “No se imaginan la oscuridad que hay en el mar cuando está nublado. Es únicamente ruido de agua y el frío que te penetra los huesos”.
La memoria del Belgrano volvió a ocupar el debate público luego de que el ministro de Defensa, Carlos Presti, negara que el hundimiento haya sido un crimen de guerra y lo definiera como un “acto de guerra”. La frase reabrió una herida histórica: el ataque ocurrió fuera del Área de Exclusión Total de 200 millas, un dato mencionado por la Armada Argentina, Casa Rosada y materiales educativos oficiales.
Después del rescate, Vargas continuó su carrera en la Armada y se formó como buzo. Al principio imaginó que esa actividad podía acercarlo al crucero hundido, aunque luego comprendió que era imposible llegar a los casi cuatro mil metros de profundidad donde yace el Belgrano.
Aun así, el agua siguió siendo para él una forma de memoria. “En cada inmersión que hago, estoy en contacto con mis compañeros”, concluye.
