El parque eólico de Río Cullen fue presentado como un avance para la matriz energética fueguina, con inversión privada, empleo y reducción de emisiones. Pero la expansión de las energías limpias también convive con una exigencia ambiental: las aves que usan el cielo patagónico.
La puesta en marcha del parque eólico ubicado en cercanías de Río Cullen marca un nuevo hito para Tierra del Fuego. El proyecto, desarrollado por TotalEnergies junto a Wintershall Dea y Pan American Energy, combina generación eólica con almacenamiento en baterías para abastecer plantas de tratamiento de gas en el norte provincial, en una zona estratégica para la producción energética argentina.

La obra fue presentada como una solución híbrida innovadora a nivel global: integra dos aerogeneradores, baterías y suministro eléctrico para las plantas de Río Cullen y Cañadón Alfa. El sistema permite transformar una fuente naturalmente variable, como el viento, en un aporte más estable para la actividad industrial, con una potencia renovable de 9 MW.
Durante la construcción participaron alrededor de 170 trabajadores y trabajadoras de la provincia. Ese dato fue uno de los puntos más destacados por las autoridades presentes, en un contexto económico donde la generación de empleo y la diversificación productiva aparecen como temas centrales para Tierra del Fuego.
“Nuestra provincia lo necesita y nuestra gente necesita más puestos de trabajo”, sostuvo el intendente de Río Grande, Martín Perez. También remarcó que se trata de una inversión de un consorcio de empresas con larga presencia en la provincia y que este tipo de desarrollos dejan conocimiento, infraestructura y capacidades locales.
La obra permitirá abastecer más del 50% del consumo eléctrico de las plantas industriales de la compañía en la zona y prevé reducir en más de un 55% las emisiones vinculadas a la generación eléctrica necesaria para el funcionamiento de esas instalaciones hacia el final de la concesión de la Cuenca Austral. Además, se informó que permitirá liberar aproximadamente 22 millones de metros cúbicos de gas por año para su inyección al mercado nacional.
El gobernador Gustavo Melella, por su parte, destacó el rol energético de la provincia y afirmó que Tierra del Fuego “ha sido y sigue siendo un actor clave en la producción de gas para la Argentina”. En esa línea, consideró que la iniciativa consolida ese lugar y abre nuevas oportunidades vinculadas con las energías renovables.

La inauguración también dejó una foto política significativa. En medio de un escenario provincial marcado por tensiones entre el Ejecutivo, los municipios y sectores legislativos por la llamada Ley de Goteo, el acto reunió a autoridades provinciales y municipales, legisladores, representantes del sector energético, empresas, trabajadores y equipos técnicos. En una coyuntura atravesada por disputas políticas, la obra apareció como uno de esos pocos temas capaces de ordenar una agenda común alrededor de inversión, producción y empleo.
La transición energética y sus nuevos desafíos
El avance de la energía eólica también obliga a mirar una dimensión menos visible: el uso del aire. Tierra del Fuego y la Patagonia son territorios donde el viento representa una oportunidad energética evidente, pero también forman parte de un espacio de vuelo utilizado por aves residentes, migratorias y especies emblemáticas de gran porte.
El Dr. Sergio Lambertucci, investigador superior del CONICET y especialista en cóndores, lo había planteado en entrevista con El Rompehielos: el impacto humano no se limita a la tierra o al agua; también alcanza al espacio aéreo. En esa nota, advirtió que grandes planeadores como buitres y cóndores “corren mucho riesgo de colisionar contra tendidos o parques eólicos” si no se estudian adecuadamente las zonas de vuelo.

El cóndor andino es una especie emblemática de la fauna sudamericana y cumple un rol ecológico central como carroñero. Su baja tasa reproductiva lo vuelve especialmente vulnerable: cualquier impacto sobre la supervivencia de ejemplares adultos puede reflejarse rápidamente en sus poblaciones. Por eso, más que una oposición a las energías renovables, la advertencia científica apunta a la planificación: dónde se instalan los parques, qué especies usan ese espacio, qué estudios previos se realizan y qué medidas de monitoreo se aplican.
Por otro lado, un estudio publicado en Environmental Impact Assessment Review por Natalia Rebolo-Ifrán, Nicolás A. Lois y Sergio A. Lambertucci identificó más de 16.000 turbinas eólicas operativas o planificadas en América Latina y el Caribe. El trabajo advierte que las turbinas ocupan espacios aéreos críticos para aves, que la investigación regional sobre impactos todavía es escasa y que la expansión futura debería incorporar estudios de campo para evitar, minimizar y mitigar efectos sobre la fauna voladora.
Según el material de divulgación difundido por Total Austral, para definir la ubicación de los aerogeneradores se realizaron monitoreos estacionales durante más de un año a cargo de un equipo de biólogos, con el objetivo de minimizar eventuales impactos sobre la fauna voladora. La empresa también señaló que el Estudio de Impacto Ambiental fue elaborado por una consultora habilitada y presentado en noviembre de 2023 ante la Secretaría de Ambiente y la Secretaría de Hidrocarburos de la provincia, en un proceso que incluyó talleres con la comunidad, centros de investigación, organizaciones sociales y actores públicos y privados.