Las grandes concentraciones de sardina fueguina son una pieza clave del ecosistema marino. De él dependen pingüinos, toninas overas, lobos marinos y otros depredadores que encuentran en estas aguas uno de sus principales sitios de alimentación.
Cuando se piensa en Cabo Vírgenes, las primeras imágenes suelen ser la famosa colonia de pingüinos, el faro, el Km 0 o el encuentro entre el mar y la estepa. Pero el verdadero secreto de este rincón del extremo sur argentino no está sobre la costa, sino debajo del agua. Allí, millones de pequeños peces plateados se desplazan en grandes cardúmenes sosteniendo buena parte de la vida marina de la región.

Aunque mide apenas unos centímetros, la sardina fueguina (Sprattus fuegensis) cumple un rol descomunal. “Las sardinas fueguinas son la presa más importante de toda la población de pingüinos de Santa Cruz, pero también son presas principales de toninas overas, lobos marinos y otros peces como la merluza de cola y otros delfines”, explica Esteban Frere, investigador de la UNPA y la Wildlife Conservation Society.
En Cabo Vírgenes, donde confluyen las aguas del Atlántico y la influencia del Estrecho de Magallanes, las condiciones oceanográficas favorecen la presencia de grandes concentraciones de esta especie. Para Frere, esa abundancia tiene una consecuencia directa sobre el resto del ecosistema. “Cabo Vírgenes y la salida del Estrecho de Magallanes son lugares donde hay grandes concentraciones de sardinas. Por eso la colonia de pingüinos encuentra allí una fuente de alimento fundamental y las sardinas cumplen un rol preponderante en su conservación”, señala.

Foto de Victoria Álvarez de fundación Por el Mar
Pero su importancia va mucho más allá de una sola especie. Las sardinas se alimentan de fito y zooplancton, capturando la energía que producen los organismos microscópicos del mar y transfiriéndola a depredadores de mayor tamaño. Son el puente entre la base de la cadena alimentaria y algunos de los animales más emblemáticos del Atlántico Sur. “Son como la base de la cadena trófica de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Sin ser productores, porque son animales, representan uno de los primeros eslabones sobre los que se apoya gran parte de la biodiversidad marina”, resume Frere.
Los científicos todavía conocen poco sobre la biología de esta especie. Sin embargo, se sabe que la región de Bahía Grande, que incluye a Cabo Vírgenes, funciona como un área de reproducción. Allí desovan las sardinas y, una vez que nacen, las larvas son transportadas por las corrientes hacia el norte, alimentando ecosistemas a lo largo de gran parte de la costa santacruceña. “No hablamos de una población exclusiva de Cabo Vírgenes, sino de un stock que ocupa una región muy amplia, desde el norte de Tierra del Fuego hasta cerca del río Santa Cruz”, aclara Frere.

Esta dinámica convierte a Cabo Vírgenes en mucho más que un punto de observación de fauna con un fuerte anclaje cultural. Es un sitio clave para el funcionamiento del ecosistema marino patagónico. La presencia de enormes cardúmenes de sardina fueguina ayuda a explicar por qué tantas especies encuentran alimento y por qué este rincón del mapa tiene un valor ecológico excepcional.
A menudo, la conservación pone el foco en los grandes animales que despiertan admiración. Sin embargo, en Cabo Vírgenes buena parte de esa riqueza depende de un pez pequeño, plateado y casi invisible para el visitante. Cuidar a la sardina fueguina es, en definitiva, cuidar la base que sostiene la vida del mar.
Foto de portada de Mario Cadiz