En el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, Naciones Unidas puso el foco 2026 en los pastizales. En la Patagonia sur, el tema atraviesa la producción ovina, la pérdida de suelo, la economía rural y el futuro de la meseta.

La desertificación suele avanzar sin imágenes espectaculares. No siempre aparece como una catástrofe repentina, ni como una postal de emergencia. En la Patagonia, muchas veces se expresa de otra manera: menos cobertura vegetal, suelos más expuestos al viento, campos que pierden productividad, aguadas tensionadas y familias rurales que enfrentan condiciones cada vez más difíciles para sostener su vida y su trabajo.


Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha impulsada por Naciones Unidas para visibilizar uno de los problemas ambientales más extendidos del planeta. En 2026, el lema internacional pone el foco en los pastizales y en las comunidades que dependen de ellos, bajo una idea central: reconocer, respetar y restaurar.

La meseta patagónica está marcada por ambientes áridos y semiáridos, donde el suelo tarda mucho en recuperarse y cualquier pérdida de cobertura vegetal puede multiplicar los efectos del viento, la sequía y el uso inadecuado de la tierra. Allí, los pastizales naturales son la base de la ganadería extensiva y también un componente clave de la biodiversidad, del paisaje y de la cultura rural.

Según la definición adoptada por Argentina en el marco de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, la desertificación es la degradación de tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, provocada por factores climáticos y actividades humanas. Esa degradación implica pérdida de productividad biológica o económica, deterioro del suelo, erosión y reducción persistente de la vegetación natural.

El dato nacional ayuda a dimensionar el problema: las tierras secas ocupan cerca del 70% del territorio argentino. En ese mapa, la Patagonia aparece entre las regiones donde la erosión hídrica y eólica constituye una de las amenazas principales, sobre todo en áreas de baja cobertura vegetal, pendientes y alta fragilidad ambiental.

En Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego, la ganadería ovina forma parte de la historia económica del territorio. Pero esa actividad depende de un equilibrio delicado: la disponibilidad de forraje, las lluvias, la carga animal, el estado de los pastizales, la presencia de depredadores, los costos productivos y la posibilidad de sostener familias en zonas de baja densidad poblacional.

Este año, el tema volvió a quedar en evidencia con la declaración de emergencia y/o desastre agropecuario para las explotaciones ganaderas de Santa Cruz, a raíz de la sequía y los fuertes vientos. La medida alcanzó a todo el territorio provincial desde el 3 de febrero de 2026 y por el término de un año, una señal concreta de cómo los fenómenos climáticos ya impactan sobre la producción y la vida rural.

La desertificación, sin embargo, no puede leerse únicamente como una consecuencia de la sequía. También intervienen decisiones de manejo, procesos históricos de sobrepastoreo, falta de infraestructura, reducción de la cobertura vegetal, presión económica sobre los establecimientos y ausencia de herramientas suficientes para planificar en escenarios climáticos más variables.

Por eso, las respuestas tampoco pueden limitarse a la emergencia. En Patagonia, técnicos y organismos especializados vienen trabajando desde hace años en herramientas de evaluación de pastizales, estimación de carga animal, monitoreo predial y manejo sustentable de tierras. La clave está en producir sin agotar el suelo, recuperar cobertura vegetal donde sea posible, proteger mallines y aguadas, y acompañar a los productores con información, financiamiento y políticas de largo plazo.

Los pastizales no son tierras vacías. Son ecosistemas que sostienen alimento, trabajo, biodiversidad, carbono en el suelo, identidad rural y conocimiento acumulado por generaciones. Cuando se degradan, la pérdida no se mide solamente en kilos de lana o carne: también se expresa en campos abandonados, pueblos debilitados y menos posibilidades de arraigo en la meseta.

En el sur argentino, hablar de desertificación es hablar de ambiente, economía y cultura al mismo tiempo. La sequía puede ser un fenómeno natural, pero sus efectos dependen de cómo se prepara cada territorio para enfrentarla. Y en la Patagonia, donde el suelo tarda décadas en recuperarse, cuidar los pastizales es una condición básica para sostener el futuro rural.

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