En la estepa hay animales que uno ve enseguida y otros que requieren aprender a mirar. El puma pertenece a ese segundo universo. Facundo Epul cuenta cómo evolucionó el avistaje en Parque Patagonia y qué distingue a esta experiencia en el noroeste santacruceño.

En el noroeste de Santa Cruz, salir a buscar pumas implica caminar entre coirones, leer huellas, entender el viento y aceptar que no siempre manda la ansiedad. Durante años, la imagen del gran felino patagónico estuvo ligada a lo inalcanzable, a un animal esquivo que apenas dejaba rastros en la estepa. Sin embargo, algo cambió en Parque Patagonia.

No porque el puma haya dejado de ser salvaje, tampoco porque exista una fórmula para verlo. Lo que cambió, cuentan quienes pasan temporadas enteras siguiéndolos, es el conocimiento sobre sus movimientos, el tiempo dedicado a observarlos y un largo proceso de conservación y habituación que todavía sigue escribiendo nuevas páginas.

avistaje de pumas en Parque Patagonia


Facundo Epul conoce bien esa transformación. Guía y propietario de la agencia Safari Patagonia Argentina, comenzó a trabajar en la región cuando el destino todavía buscaba consolidarse como referencia del turismo de naturaleza.

“Mi incursión en el turismo arrancó en 2019, con un curso para de la región”, recuerda. Aquella formación coincidió con un momento de cambio para el área protegida y para quienes imaginaban una salida laboral vinculada a la fauna.

Antes de Parque Patagonia, explica, “gran parte del corredor era privado y las oportunidades para desarrollar propuestas de turismo de naturaleza eran mucho más limitadas”. La consolidación del parque abrió posibilidades económicas, pero también ayudó a resguardar espacios donde los pumas pudieran desplazarse sin presión de caza.

“Fue un conjunto de cosas”, resume Facu. “El posicionamiento del destino ayudó muchísimo y empezó a venir gente de todo el mundo”.

Una temporada buena y visitantes que llegan con otra mirada

Para Facundo Epul, la temporada en Parque Patagonia “fue excelente”, y cuenta que el trabajo en la región no se piensa desde la lógica del turismo masivo.

“Nosotros no trabajamos con turismo masivo”, dice el guía. Lo que valoran, explica, es haber fortalecido la dinámica entre guías y trackers y consolidado grupos organizados que llegan específicamente por la fauna silvestre.

“Pudimos afianzar un poco más una dinámica de trabajo entre varios guías y trackers, aumentando así las posibilidades de ver fauna, específicamente pumas”, cuenta.

Ese crecimiento también se percibe en quienes visitan el parque. Facu observa que ya no se trata tanto de viajeros de paso, sino de personas que llegan con información previa y expectativas mucho más definidas.

“El parque ya tiene su fama. Los primeros años encontrábamos gente que iba un poco más de paso y hoy tenemos tours ciento por ciento destinados al avistaje de fauna”.

La conexión aérea directa entre Aeroparque y Perito Moreno también será importante para afianzar ese cambio, facilitando traslados que antes demandaban largas horas de ruta. Eso permitió, explica, organizar reservas con anticipación y recibir visitantes que viajan específicamente para buscar pumas, recorrer Cueva de las Manos o conocer Tierra de Colores.


No llegan únicamente por una fotografía. Facu percibe que el interés cambió y se volvió más específico.

“Ver pumas en su ambiente natural, libres y en su territorio, es una experiencia inolvidable”.

Pero alrededor del felino aparece algo más amplio, porque hay caminatas largas, observación paciente, paisajes abiertos y una conexión con la estepa que muchas veces sorprende, incluso a quienes vienen con objetivos fotográficos muy definidos.

“Hemos visto cacerías de choique, intentos con guanacos, intentos con zorro colorado”, cuenta. “Todo eso hace que sea una verdadera experiencia”.

avistaje de pumas en Parque Patagonia


¿Es más fácil ver pumas?

La pregunta surge inevitablemente. Y la respuesta de Facu escapa a las simplificaciones.

“No sé si es más fácil. No lo pondría en esos términos. Lo que sí existe -explica- es una comprensión distinta del terreno y de los movimientos del animal. Hoy entendemos el área de otra manera”.

Esa experiencia acumulada les permitió identificar zonas de descanso, sectores de caza y corredores de desplazamiento que aumentan las posibilidades de encuentro.

Según las experiencias recientes, actualmente un visitante que permanezca tres días puede alcanzar alrededor de un 75 % de probabilidades de observar un puma.

Pero detrás de ese dato, “hay mucho trabajo de observación silenciosa”.

Para Facundo, la habituación no significa domesticar ni alterar comportamientos. Todo lo contrario. Se sostiene sobre una presencia cuidadosa que busca que los animales no perciban amenaza ni modifiquen sus rutinas naturales.

Los resultados empiezan a verse. “Tenemos camadas que venimos siguiendo hace años y que ya cambian su percepción sobre los humanos”.

Parque Patagonia y Paine, dos maneras de acercarse al puma

La comparación con Torres del Paine aparece seguido entre viajeros y fotógrafos. Facu la conoce bien porque muchos visitantes recorren ambos destinos, pero prefiere hablar de experiencias diferentes antes que de competencias.

En Paine, gran parte del avistaje ocurre desde caminos vehiculares y en escenarios donde la habituación lleva décadas. En Parque Patagonia, la dinámica conserva otro ritmo.

“Nosotros apuntamos a que la gente camine y cargue su propio equipo”.

Los grupos son pequeños y el encuentro con la fauna ocurre en un contexto mucho más íntimo. “Cada guía trabaja con un máximo de tres pasajeros”.

Eso reduce interferencias y “permite que la experiencia conserve algo impredecible”. Porque todavía sucede que aparecen animales nunca antes registrados o machos particularmente difíciles de observar.

“A veces encontramos pumas que es la primera vez que vemos”. Y quizás ahí esté una de las mayores diferencias.

avistaje de pumas en Parque Patagonia


El animal que sigue guardando sus secretos

Después de años siguiendo familias enteras y observando nuevas generaciones, hay algo que todavía sorprende a Facu, y tiene que ver con una certeza sencilla.

“Los pumas eligen dejarse ver”.

En la charla con Facundo, esta frase no surge como algo cliché, sino como algo real. Porque, según cuenta, “si el puma no quiere ser visto, desaparece en cuatro coirones”.

Por eso, cuando un encuentro ocurre sin tensión y el animal permanece, hay una lectura posible. “Sabemos que, si estamos haciendo las cosas bien, ellos también están eligiendo dejarse ver”.

Con el tiempo, además, comenzaron a registrar cachorros más curiosos, otros extremadamente cautelosos, hembras que permanecen cerca de la madre . “A veces pareciera que una hembra está posando y al lado tenés un macho escondiéndose”.

Son observaciones que jamás imaginó poder registrar cuando empezó.

Hoy, mientras la temporada de invierno asoma con migraciones de guanacos y la posibilidad de observar pumas sobre la nieve, Facu sigue encontrando razones para mirar.

Y mucho más valioso, compartir esa mirada con los demás, porque en Parque Patagonia el avistaje de fauna pone a ejercitar algo mucho más fascinante, la espera. Es ahí donde la paciencia rinde sus frutos, y las postales terminan siendo inolvidables.

avistaje de pumas en Parque Patagonia

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