En las noches más oscuras de la Patagonia, cuando no hay luna y el viento apenas mueve el agua, un grupo de personas entra a las lagunas con trajes de neopren, linternas y copos de pesca. Buscan al Macá Tobiano.

Esta temporada, el equipo de la Fundación Macá Tobiano anilló 28 individuos en colonias de la Meseta del Lago Buenos Aires, en el noroeste de Santa Cruz. Cada anillo, cada número y cada color forman parte de una investigación que intenta responder una pregunta que todavía sigue abierta: cómo se mueve una de las aves más amenazadas del país entre las lagunas de altura y los estuarios del Atlántico.

migración del Macá Tobiano


El trabajo comienza antes de la migración otoñal, cuando los macaes dejan las mesetas y viajan hacia los estuarios y rías de los grandes ríos que desembocan en el océano. Ahí aparecen Puerto Santa Cruz, el río Santa Cruz y otros ambientes costeros donde el ave pasa el invierno.

Para seguir esos movimientos, el equipo realiza capturas nocturnas con muchísimo cuidado. Utilizan una luz como elemento distractivo y un copo de pesca para atraparlos en pocos intentos, evitando situaciones de estrés innecesario. Se eligen las noches sin luna, pero no al azar. Y es que el reflejo de la luna sobre los trajes podría alterar el comportamiento de las aves y volver imposible el trabajo.

migración del Macá Tobiano

Cada individuo recibe un anillo con una combinación específica de colores según la meseta donde fue capturado. Amarillo para Lago Buenos Aires, verde para Strobel y blanco para La Siberia. Los tres ejemplares criados en cautiverio y liberados en el estuario del río Santa Cruz, en cambio, llevan anillos rojos.

Ese sistema permite que, cuando alguien vuelve a observar un ave anillada meses o incluso años después, los investigadores puedan reconstruir parte de su recorrido.

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Un ave que vuelve al lugar donde nació

Con los años, las reobservaciones y los estudios genéticos empezaron a mostrar algo importante: el Macá Tobiano suele regresar a las mismas mesetas donde nació o nidificó anteriormente.

Ese dato ayuda a entender mejor cómo usa el ambiente y cuáles son las lagunas más importantes para sostener la reproducción de la especie. También permite identificar amenazas concretas en cada sitio y fortalecer estrategias de conservación en una especie que todavía enfrenta un escenario delicado.

El anillado busca construir una historia. Saber si un ave que apareció en un estuario del Atlántico nació en una laguna de altura cientos de kilómetros más al oeste. Entender cuánto tarda en migrar, cuántas sobreviven, cuántas vuelven.

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El valor de mirar dos veces

El trabajo también necesita de quienes recorren la provincia. Por eso, desde la Fundación piden que cualquier persona que vea un Macá Tobiano anillado intente fotografiarlo o registrar el color y, si es posible, la numeración del anillo. Los reportes pueden enviarse a reportes@macatobiano.org.

No siempre es sencillo. A veces el ave aparece lejos, o moviéndose rápido sobre el agua. Pero incluso una imagen borrosa puede aportar información valiosa para seguir el rastro de una especie que todavía guarda muchos secretos sobre su viaje entre las mesetas y el mar.

Fuente y crédito imágenes: Fundación Macá Tobiano

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