Relatos de mar reunió a pescadores, nadadores, kayakistas y vecinos en la costanera de Río Gallegos. Entre mates, fogón y tortas fritas, compartieron historias junto al estuario bajo una luna inmensa.
Emociona hablar de lo que nos conmueve. Y si ese relato se comparte al atardecer, a orillas de la costanera, la emoción se multiplica. Muchos coinciden en que el mar “algo tiene”: que nos atrae, que calma, que renueva.

Fotos: Oscar Llanes
Este sábado, con la invitación de la Fundación Por el Mar y la Escuela de Kayak I Yenu Jono, unas cincuenta personas se reunieron para contarlo. La consigna era simple: traer una historia relacionada con el mar, pero lo que ocurrió fue mucho más profundo.
Pescadores, buceadores, kayakistas, nadadores de aguas abiertas, personal de Prefectura y quienes por primera vez se animaban a remar, se sentaron en ronda y, de a uno, fueron compartiendo momentos vividos en la costa. Algunas historias despertaron risas, otras fueron más emotivas.



Fotos: Oscar Llanes
Desde un vecino que se emocionó al recordar a su padre y las tradiciones familiares ligadas a la pesca, como aprende a conocer las mareas, a interpretar a las estrellas saltarinas y las enseñanzas transmitidas en la orilla, hasta los nadadores que contaron hazañas en las aguas frías de la ría, entre cruces a nado y entrenamientos que parecen de otro mundo.
También estuvieron presentes representantes de la Asociación Ambiente Sur, que sumaron la mirada sobre el valor ecológico, tan cercano como olvidado, donde habita una biodiversidad rica, frágil y profundamente interconectada con nuestra vida cotidiana. Prefectura Naval también participó compartiendo cómo desarrollan sus labores diarias.
Entre los más jóvenes, la palabra “agradecimiento” apareció más de una vez. Y es que muchos contaron cómo la escuela de kayak I Yenu Jono los acercó por primera vez al mar, y cómo remar se convirtió en una forma de habitar la ciudad desde otro ángulo, con otra calma. Hablaron del kayak como algo más que una simple actividad, si no como una manera de respirar distinto, de mirar con otros ojos. Para algunos, fue un rescate de la vorágine cotidiana, y para otros, un nuevo motivo por el que seguir.

Fotos: Oscar Llanes
Historias que enseñan a cuidar lo que amamos
Hubo frío, sí, pero también hubo tortas fritas, choris, muchos mates y una mezcla hermosa de oficios, edades y miradas. El fogón fue el punto de encuentro, el calor compartido. El broche final fue una luna gigante y naranja asomando en el horizonte, como si también quisiera escuchar.
Conocer lo que tenemos cerca, escuchar lo que otros viven en ese mismo paisaje, nos ayuda a quererlo más. Y cuando algo se quiere, se cuida distinto. Tal vez de eso se trató esta ronda: de abrir el corazón para entender que el mar no está lejos, sino que también es parte de nosotros, de nuestra casa.
Daniella Mancilla Provoste
Foto de portada: Mariano Bertinat
