En el Día Internacional del Puma, el fotógrafo e influencer Nicolás Marín comparte su experiencia en Parque Patagonia, donde la paciencia y el respeto abren la puerta a encuentros únicos con el mayor felino de la región.

En el silencio blanco de Parque Patagonia, las huellas se dibujan sobre la nieve. El aire frío corta la respiración y, aún cuando nadie lo ve, Nicolás Marín sabe que está ahí: el puma observa desde algún rincón del paisaje, invisible en su propio reino. “Es una sensación muy particular, dice, porque sabés que el animal te está mirando, pero vos no lo encontrás. No es miedo, es curiosidad. Es como un juego en el que él siempre tiene ventaja”.


Tras las huellas en la nieve

La búsqueda se armó casi de un día para el otro, cuando José Bonomi —responsable del proyecto de monitoreo de pumas en Parque Patagonia— lo invitó a sumarse. Marín ya conocía de cerca el trabajo de la Fundación Rewilding Argentina: había recorrido sus proyectos en el Impenetrable, Iberá, y Patagonia Azul. “Siempre los sentí como una segunda familia —cuenta—. Su manera de trabajar y de pensar la conservación es única, y me resulta atrapante su forma de trabajo y me motivaba mucho poder documentar a los pumas en la nieve”.


El viaje también se enlazó con un proyecto personal que viene desarrollando: invitar a figuras públicas —deportistas, músicos o comunicadores— a vivir experiencias ligadas a la conservación. En esta ocasión lo acompañó el trapero Dani Ribba, con la idea de que su influencia ayude para amplificar la importancia del puma en la Patagonia. Así llegaron hasta el noroeste santacruceño, en la estepa, donde los esperaba Facundo Epul, guía local naturaleza, El Choique Guía. 

“Lo especial de buscar un puma es el proceso”, explica. “Desde que te levantás hasta que empezás a seguir huellas en la nieve, leer rastros mínimos. Hoy la tecnología ayuda un poco, pero aun así es muy difícil”, dice.


El escenario blanco sumaba misterio. “Hubo días en que logramos encontrarlos y otros en los que, pese a las señales, no apareció ninguno”.

Las señales aparecían en detalles mínimos: huellas frescas en la nieve, registros de las caravanas, datos que iban compartiendo los guías. A veces la tecnología indicaba que el animal estaba a apenas diez metros, pero nadie lograba verlo. “Está tan bien camuflado que parece mimetizarse con el paisaje, y al mismo tiempo sabés que él te está mirando”, cuenta Nico. “Es una sensación muy particular, linda, no desde el miedo sino desde la curiosidad. Ese pensamiento de ‘¿Uy, dónde está?, porque me ve y yo no lo veo’. Son señales muy sensibles, casi espirituales, que te conectan de otra manera con la naturaleza”.

Uno de los días exitosos fue cuando vieron a María Elena, una de las hembras monitoreadas, descansando entre el pastizal. En otra salida la observaron cazar un chulengo, y más tarde, gracias a la cámara trampa, descubrir cómo tapaba su presa con paciencia. “Son escenas que no se olvidan. Estás ahí, compartiendo el territorio con un animal que te transmite paz, fuerza y respeto a la vez”.


Un explorador del mundo

Antes de convertirse en fotógrafo, Nico soñaba con ser tenista profesional. Pasó su infancia y adolescencia entrenando en torneos internacionales, hasta que un día la rutina lo empujó a buscar otro rumbo. “Me metí en cursos de creatividad y de fotografía sin pensarlo demasiado, hasta que apareció una oportunidad para ser fotógrafo submarino en Cozumel, (México). Nunca había buceado en mi vida, pero igual me eligieron, y ahí descubrí un mundo fascinante del que no quise salir más”.

Desde entonces, su cámara lo llevó a documentar por el mundo. Desde la pesca ilegal en África junto a Enrique Piñeyro, expediciones en el Polo Norte, Malvinas hasta el recorrido global de Darwin. En 2021 fue elegido explorador de National Geographic y en 2023 nombrado embajador de Naciones Unidas. Este 2025 su agenda sigue marcada por desafíos. Por estos días, es parte de una misión humanitaria a la Franja de Gaza junto a Greta Thunberg, experiencia que definió como “una de las más duras de su vida”.

Los dueños de la montaña

Para Nico, lo más importante de cada salida no es la foto perfecta, sino lo que se aprende en el camino. “Todos podemos apretar un clic, pero lo que hace la diferencia es el vínculo previo con el animal y con el entorno. Eso es lo que después transmite la imagen”.

El encuentro con el puma le dejó una certeza. Y es que la naturaleza nos recibe, pero no nos pertenece. “Ellos son los dueños de la montaña, nosotros somos visitantes. Igual que cuando entrás en la casa de alguien, tratás de portarte bien, de no desordenar. En la naturaleza es igual. No dejar residuos, no hacer ruidos que los alteren, respetar su rutina diaria. Si cuidamos eso, las próximas generaciones también van a poder vivir la experiencia de ver un puma libre en su territorio”.

En este Día Internacional del Puma, la experiencia de Nico suena como una invitación a mirar, esperar, aprender. Y recordar que, en la Patagonia, siempre hay unos ojos atentos que nos observan primero.

Foto: Nico Marin


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