Después de filmar en el sur con travesías y personajes en Tierra del Fuego y relatos vinculados a Malvinas, Gonzalo Prados estrenó a fines de 2025 “Los chicos del monte”, un documental que se interna en el monte misionero para narrar infancias, maestras rurales y familias lejos de la agenda. “Lo hago a mi manera”, dice: estar cerca, quedarse el tiempo necesario y buscar que el protagonista “hable sin casete desde lo más profundo de su corazón”.

En los últimos años, Gonzalo Prados construyó un camino propio dentro del documental argentino: ir detrás de historias mínimas, personajes anónimos y vidas “inexorables”. Ese recorrido lo llevó varias veces al sur, con películas como “Dos Océanos” en Península Mitre, o “Los Hermanos de la Turba” sobre la guerra en las Islas Malvinas, y ahora lo encontró en un territorio muy distinto: la selva misionera.
Su último estreno, Los chicos del monte, es el resultado de esa misma brújula aplicada al norte: un viaje hacia escuelas rurales, caminos de tierra, distancias, trabajo duro y una infancia que crece “al margen de lo invisible”.
“Lo hago a mi manera”: dos años dentro del monte
Prados cuenta que el documental nació como derivación de un proyecto previo “La otra cara de Pampas”, realizado para la Unión Argentina de Rugby, pero terminó convirtiéndose en su primer film completamente personal.


“Los Chicos del monte es mi primer documental 100 % mío”, afirma. Y lo explica con una frase que define su método: “Lo hice como yo quise, lo pensé, lo escribí y me interné durante dos años en el monte misionero”.
Si en sus notas anteriores a El Rompehielos, Prados ya había dicho que su objetivo es mostrar “la geografía humana”, ahora vuelve a describirlo con una imagen física, casi táctil: “Al estilo Banksy, en vez de un aerosol llevamos una cámara, un trípode, unos mics y si querés un mini drone y de ahí meternos entre la camisa y la piel de alguien”.
La búsqueda, llegar a un lugar donde la gente se anime a decir lo que nunca dijo, aparece una y otra vez en su relato del rodaje: “Ver a un chico de 23 años, de 2 metros y 130 kg llorando y que hable sin casete desde lo más profundo de su corazón”, recuerda, como ejemplo de aquello que considera “hacer cine documental”.

En su explicación sobre Los chicos del monte, Prados también discute el clima de la época. Lo dice con una mezcla de ironía y convicción: “Una ventana chiquita de un mundo real sin inteligencia artificial, ni reels de telgopor”.
Su apuesta es otra: intemperie, barro, espera, viaje. “Me gusta la idea de un cine documental más callejero, más primitivo, más como un estilo de vida”, define, y completa con una frase que repite como mantra: “Que la lente se empañe cuando el alma se desnuda”.
Del Fin del Mundo a Misiones: incomodar lo cómodo
En el sur, Gonzalo ya había contado que lo moviliza convivir con personas lejos de todo, en estancias, travesías, silencios. En su propio repaso de experiencias, recuerda que en “Dos Océanos” cruzó el Río Irigoyen y terminó invitado a vivir con gauchos sin luz a más de 200 km de cualquier población. En Misiones, el shock es distinto, pero el propósito es el mismo: entrar en un mundo donde nadie mira.

“Mis proyectos buscan de alguna manera incomodar lo cómodo”, dice. Y lo traduce a una ética de vida más que a una consigna artística: “Creo en la búsqueda, en el afuera… creo que filmar documentales es una forma de estar realmente vivo”.
Sus documentales se puede ver en el canal de YouTube de su productora Agencia Fotogip
Los Chicos del Monte (2025) – https://youtu.be/PBKYR2REIZc
Dos Océanos (2023) – https://youtu.be/-PRSjmkPhGs
Hacia el Atlántico Sur (2020) – https://youtu.be/CZBhINq0Y0s
Los Hermanos de La Turba (2024) – https://youtu.be/ZFbNunMqMF8
La Margarit (2024) – https://youtu.be/seY5ozNkT-8
URNA 14 (2024) – https://youtu.be/LAVeWgvyxNA