El laboratorio de suelos del Consejo Agrario Provincial retoma protagonismo con la misión clara de ofrecer conocimiento científico para que productores y técnicos puedan manejar mejor uno de los recursos más importantes de la provincia.
En Santa Cruz, hablar de producción implica mirar hacia abajo. Es ahí, en la capa que sostiene pastizales, cultivos y sistemas ganaderos, donde se encuentra una de las claves del desarrollo productivo de la provincia.
Por eso el anuncio realizado este año por el gobernador Claudio Vidal sobre la reactivación del laboratorio de suelos del Consejo Agrario Provincial despertó interés entre técnicos y productores. El espacio, que funciona desde 1983, vuelve a posicionarse como una herramienta científica para entender mejor el recurso suelo y orientar su uso.
“El laboratorio de suelos es una herramienta importante con base científica y técnica para darle al productor el conocimiento necesario para el buen manejo o la gestión del recurso suelo”, explicó el director del área, Gonzalo Saleme, durante una entrevista en LU14 Radio Provincia.

Una radiografía de la tierra
Para Saleme, el análisis de suelo funciona de manera similar a un estudio médico. “Es como un análisis que uno se hace de sangre, pero es de suelo”, explicó. A partir de esa información, el productor puede decidir cómo fertilizar, regar o manejar el terreno de forma adecuada.
En el laboratorio se estudian primero las características físicas del suelo, como textura, estructura o humedad. Luego se avanza sobre su composición química, donde se analizan nutrientes como nitrógeno y fósforo, además de otros elementos presentes en el terreno. Con esos datos, los técnicos elaboran informes que orientan las decisiones productivas.
Ese conocimiento también permite prevenir problemas como el sobrepastoreo o la degradación por erosión, una preocupación constante en regiones donde el equilibrio ecológico resulta delicado.
Un archivo de décadas y un desafío pendiente
A lo largo de más de cuatro décadas, el laboratorio reunió información valiosa sobre los suelos de la provincia. Entre los trabajos más recordados aparece el análisis realizado tras la erupción del volcán Hudson en los años noventa, cuando los técnicos estudiaron el impacto de la ceniza volcánica sobre el terreno.
Contra lo que muchos podrían imaginar, la ceniza no degradó los suelos. “En realidad la ceniza fertilizó el suelo. En el momento parece un desastre, pero con el tiempo la naturaleza hace su trabajo”, señaló Saleme.
Hoy ese archivo histórico se conserva y puede consultarse. Sin embargo, el equipo busca avanzar hacia la elaboración de un mapa de suelos propio para Santa Cruz.
Actualmente existe cartografía desarrollada por el INTA, pero Saleme considera que la provincia podría generar un relevamiento más preciso y detallado. Ese mapa permitiría saber con mayor exactitud qué tipo de suelos existen en cada zona y qué actividades productivas pueden desarrollarse en cada lugar.

La estepa y su potencial productivo
Durante décadas, en la Patagonia se instaló la idea de que los suelos de Santa Cruz resultan demasiado áridos para producir. “No es tan así. Se puede producir”, afirmó. Incluso señaló que con un manejo adecuado muchos campos podrían desarrollar diferentes actividades productivas, desde la ganadería hasta cultivos a pequeña escala.
En su opinión, la clave pasa por recuperar una cultura productiva y aprovechar el conocimiento técnico disponible. La producción local de alimentos, por ejemplo, podría reducir la dependencia de verduras que llegan desde otras provincias. “Creo que están dadas las condiciones para armar un mercado local y abastecer con producción propia”, sostuvo.
Saleme trabaja desde hace dos décadas en el Consejo Agrario Provincial. Se formó como técnico agrónomo en la histórica escuela agrotécnica Las Delicias, en Entre Ríos, y eligió quedarse en Santa Cruz, donde formó su familia.
“Santa Cruz me dio mucho. Vine con una mano atrás y otra adelante, y soy un agradecido a esta provincia”, contó.