Después de años de abandono, el ramal Jaramillo–Fitz Roy empieza a mostrar señales de recuperación. Con inversión provincial, trabajos en marcha y la promesa de una nueva locomotora, el proyecto vuelve a instalarse en la vida de las comunidades del norte santacruceño.

El 20 de marzo, en Jaramillo, el tren volvió a estar en boca de todos en Santa Cruz. Ese día, el gobernador Claudio Vidal anunció la puesta en valor del ramal ferroviario y comprometió fondos para la compra de una nueva locomotora.

La escena no fue menor. En un pueblo donde el tren supo marcar el ritmo de la vida cotidiana, volver a hablar de vías activas implica algo más que infraestructura. Implica recuperar una forma de habitar.

Con una inversión inicial de 497 millones de pesos, el plan incluye el relevamiento de la traza, mejoras en la infraestructura y la recuperación del histórico vagón comedor. Pero, en paralelo, ya hay equipos trabajando en el terreno, avanzando con tareas concretas sobre los primeros tramos.


Un tren que organizaba la vida

Durante décadas, el ramal ferroviario formó parte del entramado productivo y social del norte santacruceño. Su desarrollo estuvo ligado a la actividad minera y al crecimiento de las localidades que se expandieron al ritmo de Yacimientos Carboníferos.

El tren no solo transportaba carga o pasajeros. También conectaba historias, sostenía vínculos y marcaba tiempos. Era parte de la rutina, del paisaje y de la memoria compartida. Con el deterioro progresivo de la infraestructura y la interrupción del servicio, esa presencia se fue apagando. Las vías quedaron, pero el movimiento desapareció. Y con él, una parte de la vida cotidiana de estas comunidades.


Desde la Dirección de Patrimonio Cultural explicaron que vienen trabajando hace tiempo en el relevamiento histórico, la reconstrucción de información y la articulación con otras áreas del Estado. “No fue un sueño, fue un trabajo responsable a reconstruir”, resumieron desde el área, en una frase que sintetiza el proceso que hoy empieza a tomar forma visible.

Ese trabajo previo permitió no solo identificar el estado del ramal, sino también recuperar relatos, testimonios y registros que vuelven a poner en valor lo que el tren significó —y todavía significa— para la región.


La decisión de avanzar con la recuperación del ramal combina distintas capas. Hay una dimensión productiva y logística, vinculada a la posibilidad de mejorar la conectividad y generar movimiento económico. Pero también hay una apuesta más profunda, ligada a reconstruir algo que estaba en pausa.

En ese cruce entre obra y memoria, el tren vuelve a aparecer como una herramienta concreta para pensar el desarrollo, pero también como un símbolo que sigue presente en la estepa.

Deja tu comentario