Durante más de seis años, investigadores siguieron a pumas de Santa Cruz para conocer qué comen. Los resultados muestran una dieta dominada por especies nativas y adaptada a cada paisaje.

La investigación se lleva adelante desde 2019 en el Parque Nacional Monte León, sobre la costa atlántica, y en Parque Patagonia, en el noroeste provincial. Es ahí donde equipos de investigadores del CONICET, Fundación Rewilding Argentina y universidades extranjeras, incluyendo la Universidad de California y la Universidad de Wisconsin, monitorean pumas equipados con collares satelitales que registran su localización cada tres horas.

Gracias a esa tecnología fue posible reconstruir los movimientos de los animales y mapear miles de sitios donde los animales permanecieron durante largos períodos de tiempo. En muchos casos, esos lugares correspondían a puntos de alimentación, permitiendo identificar las presas consumidas y construir una de las bases de datos más completas sobre la dieta del puma en América.


Dos paisajes, dos dietas

Aunque el guanaco aparece como la principal fuente de alimento en ambos parques, las diferencias entre áreas protegidas se reflejan con mucha claridad en el menú de los pumas.

En Monte León, el 44% de las presas registradas fueron guanacos. El dato más llamativo es que los pingüinos ocupan el segundo lugar, representando una cuarta parte de los registros. También aparecen liebres europeas, choiques, zorros, hurones, peludos e incluso caballos cimarrones.

En Parque Patagonia, en cambio, el guanaco domina ampliamente la dieta y representa el 72% de las presas identificadas. Más atrás aparecen los choiques, los caballos cimarrones y otras especies menores.

Los resultados muestran que, lejos de depender de animales domésticos, los pumas se alimentan principalmente de fauna nativa, la cual en ambos parques se presenta abundante. La presencia de ovejas es muy baja en ambos estudios, aunque los investigadores advierten que aún falta ampliar el monitoreo en establecimientos ganaderos vecinos para conocer mejor lo que ocurre fuera de las áreas protegidas.

Los primeros análisis también muestran diferencias entre machos y hembras.


En Monte León, las hembras consumen una mayor variedad de especies pequeñas, como liebres, pingüinos, armadillos y zorros. Los machos, en cambio, se concentran mucho más en los guanacos.

Una posible explicación está en el tamaño corporal. Las hembras adultas son más pequeñas que los machos y pueden cubrir buena parte de sus necesidades energéticas con presas de menor tamaño. Además, enfrentan menos riesgos al evitar animales más grandes.

Esa diferencia hace que las hembras presenten una dieta más diversa que los machos.

La alimentación de los pumas también cambia con las estaciones

En Monte León, varias hembras reducen el consumo de guanacos durante la primavera y el verano y aprovechan la llegada masiva de pingüinos a la colonia. Entre septiembre y marzo, estas aves se convierten en una fuente abundante y relativamente accesible de alimento.

En Parque Patagonia ocurre algo diferente, porque durante el invierno, cuando los guanacos descienden de las mesetas hacia sectores más bajos, los pumas aumentan su consumo. Como consecuencia de esto, disminuye la presencia de choiques, caballos cimarrones y ovejas en su dieta.

Más allá de las diferencias entre las regiones el sexo o las estaciones, el estudio deja una conclusión clara, y es que los pumas son animales altamente flexibles.

Su dieta cambia según las oportunidades que ofrece cada ambiente y tiende a concentrarse en las especies más abundantes en cada momento. En la estepa del noroeste predominan los guanacos; en la costa atlántica, durante algunos meses, también pueden formar parte del menú los pingüinos.

Lejos de ser un detalle menor, esta capacidad de adaptación muestra hasta qué punto la conservación del puma está ligada a la salud de los ecosistemas patagónicos. Donde existen poblaciones abundantes de fauna nativa, el gran felino de la región encuentra alimento suficiente para sostener su papel como uno de los principales reguladores naturales de la Patagonia.

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