La temporada en Parque Patagonia estuvo marcada por los encuentros con fauna silvestre, la incorporación de nuevos espacios y un interés creciente de los visitantes por conocer y entender el territorio.
Muchos visitantes llegaron esta temporada a Parque Patagonia buscando caminar entre cañadones, conocer senderos y ver de cerca algunos de los paisajes más singulares del noroeste santacruceño. Pero, según fueron pasando los meses, desde el equipo del parque empezaron a notar algo más. Las preguntas ya no aparecían solamente alrededor de los recorridos o las distancias. Cada vez más personas querían entender qué estaban viendo.

Parque Patagonia – Sendero Cañadón Caracoles ©Natalia Trzcina
Una manera distinta de recorrer el paisaje
Entre los recorridos que siguen apareciendo como favoritos, Tierra de Colores volvió a ocupar un lugar especial. La cercanía con la Ruta 40, los tonos del terreno y la facilidad del sendero, hacen que muchas personas lleguen casi por curiosidad y terminen quedándose más tiempo del que imaginaban. De hecho, los prestadores turísticos de la región también lo incorporan como parada habitual antes o después de visitar Cueva de las Manos.
Algo parecido sucede con Bajada de los Toldos, que “es elegido por por las personas que que quieren atravesar el el cañadón caminando, o, que por ahí quieren descender al río y disfrutar del área de descanso”, entre las paredes de piedra y el sonido del agua.
Había curiosidad por “las formaciones geológicas de los cañadones y por las características naturales del parque”, cuenta Juliana García, integrante del equipo de Turismo de Naturaleza de Parque Patagonia. Y, al mismo tiempo, en los centros de informes se repetía otra consulta, casi inevitable para quienes llegan por primera vez a la zona, ¿dónde había más posibilidades de encontrarse con fauna silvestre?

Parque Patagonia – Sendero Cañadón Pinturas – ©Franco Bucci
La fauna, cada vez más cerca
Y es que la fauna volvió a convertirse en una de las grandes protagonistas de la temporada. Los avistajes espontáneos de pumas y gatos del pajonal se repitieron tanto en senderos como a lo largo de los caminos vehiculares. También aparecieron zorros, choiques, cóndores, chinchillones y tropas de guanacos. Algunos visitantes incluso llegaron a presenciar escenas difíciles de olvidar, como pariciones de guanacos o pumas en plena actividad de caza.
En paralelo, crecieron las experiencias guiadas enfocadas en observación de fauna. Juliana cuenta que muchas personas eligieron recorrer el parque acompañadas por guías locales, “en búsquedas más pausadas y respetuosas del entorno”. Desde el equipo remarcan que los encuentros con animales “se dieron de una manera responsable y cuidadosa”, algo que consideran especialmente valioso en una temporada marcada por la cercanía entre visitantes y fauna silvestre.



Aguila Mora, © Horacio Barbieri – Gato de pajonal
En ese contexto, también comenzó a consolidarse una propuesta que hace algunos años parecía difícil de imaginar: salir a buscar pumas en estado silvestre. A partir del trabajo sostenido de conservación, del monitoreo de fauna y del desarrollo de experiencias responsables de observación, Parque Patagonia se convirtió en uno de los lugares donde visitantes de distintos puntos del país y del exterior llegan con la expectativa de encontrarse con el gran felino patagónico.
Lo que antes eran encuentros ocasionales hoy forma parte de experiencias guiadas que combinan turismo de naturaleza, conservación y trabajo junto a prestadores locales. Desde el parque destacan que este proceso fue posible gracias a años de presencia en el territorio y a una forma de observación basada en el respeto por los animales y sus comportamientos naturales. En paralelo, la actividad empezó a generar nuevas oportunidades para agencias, guías y comunidades de la región vinculadas al turismo de naturaleza.
El Cañadón Caracoles, que empezó a llenarse de vida

Parque Patagonia – Sendero Cañadón Caracoles ©Natalia Trzcina
Si hubo un lugar que cambió el ritmo de esta temporada, fue el Cañadón Caracoles. Juliana lo define como “una de las grandes novedades” del verano, impulsado por la nueva infraestructura.
El centro de informes, las pasarelas y los senderitos de acceso a los sectores de escalada acompañaron la llegada de los visitantes. Que hubiera personal de uso público habitando el lugar, “permitió que podamos brindar mayor seguridad y acompañamiento a los y las escaladoras, lo cual también favoreció, que lleguen visitantes de distintos puntos, tanto locales, de Perito Moreno, Los Antiguos y Lago Posadas, como también de Chile y de distintas partes de Argentina”.
Pero el movimiento no quedó solamente en la escalada. Muchas personas comenzaron a acercarse para acampar, pasar el día o simplemente quedarse mirando el paisaje del cañadón.

Parque Patagonia – Planetario – sala interpretacion – 2025 – © Natalia Trzcina
“Fue muy positivo ver cómo las personas se sorprenden con el paisaje del cañadón y apareció también una actitud de cuidado y respeto hacia el lugar, con actitudes mínimas, pero que a la vez son muy importantes” dice Juliana: “convivir de manera responsable con el humedal, transitando por las pasarelas para dar espacio a que el ambiente siga desarrollándose y convivir con la fauna y las aves de una manera más respetuosa”.
Otro de los espacios que siguió creciendo durante esta temporada fue el centro de interpretación y planetario. Quienes visitan el parque pueden recorrer la historia geológica del noroeste, conocer más sobre la evolución de las especies y acercarse a preguntas vinculadas con la biodiversidad y el impacto humano sobre los ecosistemas. Durante los fines de semana, además, se sumaron charlas y proyecciones abiertas al público.

Avistaje de pumas © Franco Bucci
Quedarse un poco más
La temporada también dejó novedades para quienes buscan pasar más de un día dentro del parque. En el sector La Señalada, dentro del portal Cañón Pinturas, se inauguraron las nuevas yurtas patagónicas. “Son espacios cerrados y resguardados de las inclemencias climáticas, que están equipadas con camas individuales, mesa con bancos, y tienen la capacidad para alojar hasta 4 personas”. La propuesta se complementa con la proveeduría que funciona en el lugar desde temporadas anteriores y que permite acceder a comidas elaboradas y productos básicos.
Con el cierre del verano, desde el parque sienten que muchas personas llegaron pensando únicamente en conocer un paisaje y terminaron llevándose mucho más. “Las conversaciones compartidas en los senderos, en los campings y en los centros de informes reflejan una temporada marcada por la conexión con la naturaleza”, resume García.
Tal vez por eso, entre quienes se van de Parque Patagonia, quedan recuerdos difíciles de ordenar en una foto. El silencio de un cañadón, un grupo de guanacos cruzando el camino. El movimiento de un cóndor sobre las bardas. O esa sensación, más difícil de explicar, de haber entendido por un rato que el paisaje también puede cambiar la forma en que una persona mira el mundo.
