En un movimiento que podría reconfigurar el tablero geopolítico del Atlántico Sur, la administración de Donald Trump analiza abandonar su histórica neutralidad sobre las Islas Malvinas, para presionar a Londres. El factor Irán y la relación con Javier Milei, las claves del cambio.

El tradicional alineamiento automático entre Washington y Londres atraviesa su hora más crítica. Según informes revelados por la agencia Reuters, el gobierno de los Estados Unidos ha comenzado una revisión exhaustiva de su postura diplomática respecto a la soberanía de las Islas Malvinas. Lo que durante décadas fue una “neutralidad técnica” que favorecía el statu quo británico, hoy se encamina hacia un giro que podría favorecer el reclamo argentino.
La raíz de este movimiento no es solo diplomática, sino una represalia directa. Fuentes del Pentágono confirmaron que la Casa Blanca está “profundamente decepcionada” por la reticencia del Reino Unido a participar activamente en las recientes operaciones militares contra el régimen de Irán. Ante esta falta de cooperación en Oriente Medio, Trump habría dado la orden de poner sobre la mesa el activo más sensible para la Corona británica en la región: su dominio colonial en las Malvinas.

Puerto Argentino, Islas Malvinas – foto de EL ROMPEHIELOS
Para Argentina, el escenario es inédito. La sintonía ideológica entre el presidente Javier Milei y Donald Trump ha facilitado que asesores de seguridad nacional sugieran que reconocer la soberanía argentina —o al menos presionar por una negociación bilateral real— fortalecería un eje estratégico clave en el Hemisferio Sur. El presidente Javier Milei afirmó que su gobierno está logrando avances sin precedentes en el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, aunque reconoció que el resultado no depende exclusivamente de Argentina
Como era de esperarse, la noticia cayó como una “bomba” en el Reino Unido. Los principales medios británicos reflejan hoy una mezcla de incredulidad y urgencia. El diario The Telegraph, cercano al Partido Conservador, calificó la posible medida como una “traición sin precedentes a la Relación Especial”, advirtiendo que el uso de las Malvinas como moneda de cambio por Irán es un error que pondría en riesgo la seguridad de la OTAN.

Casa del Gobernador, Islas Malvinas – foto de EL ROMPEHIELOS
Incluso medios más sensacionalistas como The Sun han adoptado un tono beligerante, publicando editoriales que exigen al Primer Ministro una postura firme frente a lo que consideran un “chantaje transatlántico”. El consenso en la prensa británica es unánime: si Estados Unidos retira su respaldo, el Reino Unido perdería su principal escudo diplomático, dejando la gobernanza de las islas en un limbo geopolítico de consecuencias impredecibles.
Mientras tanto, en Buenos Aires, el clima es de cautela expectante: saben que, en el ajedrez del poder mundial, las Malvinas han vuelto a ser una pieza decisiva.