En el Día Internacional del Rewilding, la historia de Sofía Ocampo, veterinaria que trabaja en el equipo de conservación de Parque Patagonia, permite entender cómo se trabaja para recuperar especies nativas, restaurar ecosistemas y volver a conectar con nuestra casa común.
En el noroeste de Santa Cruz, donde el viento es el compañero constante de la estepa, hay un trabajo que sucede todos los días, aunque muchas veces pase desapercibido. Hablamos de equipos de personas que monitorean, trasladan, cuidan y acompañan procesos largos, con la convicción de que es posible reparar lo que se dañó.

En ese entramado está Sofía Ocampo, veterinaria de Parque Patagonia, que encontró en el rewilding una forma concreta de devolverle a la naturaleza su propio ritmo y de reconstruir, paso a paso, el equilibrio que sostiene la vida.
Su camino empezó lejos de la estepa. Durante sus años de formación en la Universidad Nacional de La Rioja, una experiencia marcó un antes y un después.
Sofía cuenta que todo cambió cuando llegó un puma atropellado al Hospital-escuela donde hacía sus prácticas. Participó del tratamiento y de la recuperación, y en ese proceso entendió algo más profundo. “Estábamos tratando un animal, pero también estábamos ayudando al ecosistema”.
Esa idea empezó a abrirse paso. Llegaron los voluntariados, los primeros contactos con la conservación y, más adelante, el rewilding como una forma concreta de hacer.

El valor de lo que no se ve
Trabajar en Parque Patagonia es, también, una experiencia sensorial. “Tiene algo muy especial que es la inmensidad de la estepa, pares donde te pares vos ves todo, no ves el final del paisaje”, describe Sofía. A eso se suma la presencia constante de fauna, que para ella es parte del motor cotidiano.
Y hay algo más, difícil de explicar hasta que se vive. “Ahí descubrí lo que era el verdadero silencio”, dice. Ese paisaje, junto a un equipo que comparte convicciones, termina de darle sentido a un trabajo que, como cuenta, “es súper intenso pero también es súper profundo”.
Su día a día cambia todo el tiempo. Puede incluir planificación de capturas, monitoreo de especies, anestesias, traslocaciones, seguimiento en libertad o tareas de cuarentena.
“Nada es predecible”, resume Sofía al hablar de su trabajo con fauna silvestre. Y en esa frase aparece buena parte del desafío. “Tenés que estar preparado, ser flexible y adaptarte constantemente a la especie, al momento y al animal”, explica.



A eso se suma el contexto. “El clima, el viento, las distancias son súper largas”, cuenta, y menciona también la complejidad de la logística en un lugar donde “vivimos bastante aislados”. Todo forma parte de un trabajo que cambia todo el tiempo y que exige estar en permanente movimiento.
Entre tantas experiencias, hay una que la marcó especialmente. “Creo que fue el envío de choiques entre Argentina y Chile”, cuenta. El proceso incluyó captura, cuarentena y un traslado con una logística compleja, pero además tenía una particularidad. “Fue la primera traslocación silvestre a silvestre entre ambos países. Los animales se capturaron de silvestría y se liberaron en silvestría”, explica.
El trabajo “implicaba una gran responsabilidad, no solo a nivel sanitario, sino también técnico, de coordinación de equipos, de que todo el trabajo se concretara y que los animales llegaran bien”, recuerda.
“Fue súper emocionante”, dice, y agrega que son esos momentos en los que “entendés la magnitud de lo que estás haciendo por la conservación”.
Recuperar el equilibrio, recuperar el sentido
En un momento donde muchos ecosistemas están degradados o incompletos, el rewilding va más allá de la naturaleza. “También tiene que ver con las personas”, resume Sofía. Recuperar especies y ecosistemas es también recuperar identidad, cultura y formas de vincularse con el lugar”.
En la Patagonia, ese proceso todavía es posible. “Cada especie cumple un rol fundamental en el ecosistema. Cuando falta una, el sistema pierde el equilibrio”, advierte. Y es que, en ese equilibrio que se intenta reconstruir, también se juega la forma en que elegimos cuidar y habitar nuestra casa común.

Devolverle a la naturaleza su propio ritmo
Cuando se habla de rewilding, hablamos de que no alcanza con cuidar lo que queda. Hay que reconstruir lo que se perdió, volver a poner en marcha procesos naturales que durante años quedaron interrumpidos.
Sofía lo explica desde su experiencia en el terreno. “El rewilding es una forma de conservación que busca restaurar ecosistemas completos. La idea es recuperarlos, muchas veces a través de la reintroducción de especies que ya se extinguieron localmente”. Y agrega que el objetivo es “apuntar a que la naturaleza vuelva a funcionar por sí sola, devolver a los ecosistemas la dinámica original que tenían”.
En ese proceso, hay un aspecto que atraviesa todo el trabajo. “El rewilding trabaja muchísimo con las comunidades locales, generando vínculos, oportunidades laborales, nuevas formas de relacionarse con la naturaleza”, señala. Porque, como remarca, es ese entramado el que “permite que los proyectos se sostengan en el tiempo” y construyan un equilibrio posible entre las personas y el entorno.
