Un grupo de 13 escaladores del grupo Los Cóndores, grupo argentino de escalada deportiva de Buenos Aires, pasó seis días acampando en el noroeste de Santa Cruz. Llegaron atraídos por las vías de escalada del Parque Patagonia y terminaron participando en una jornada de restauración del humedal, plantando juncos junto al equipo de conservación del parque.

En el noroeste de Santa Cruz, el Cañadón Caracoles aparece como un refugio en medio de la estepa. Es ahí donde las paredes de roca resguardan un humedal que concentra vida, un grupo de escaladores decidió sumar algo más que cuerdas y mosquetones a su visita.

escalada regenerativa en Parque Patagonia
Crédito Foto: Marcos Estrada

La experiencia reunió a 13 integrantes del grupo Los Cóndores, que viajaron hasta el Parque Patagonia para escalar durante varios días. Y entre el acampe y las jornadas de pared también dedicaron una jornada a colaborar en la restauración de un juncal que ayuda a recuperar el humedal.

La iniciativa nació cuando algunos integrantes del grupo descubrieron el parque a través de las redes sociales y que el cañadón contaba con sectores de escalada deportiva. Más tarde, al asistir a una charla sobre escalada regenerativa en el Centro Andino Buenos Aires, conocieron en profundidad el trabajo de restauración que se desarrolla en Patagonia.

“Ahí nos enteramos sobre la iniciativa del parque, el proyecto de restauración y sus objetivos. Entonces decidimos proponer alguna colaboración”, contó Joaquín de Hero, uno de los integrantes del grupo. A partir de ese momento comenzaron a planificar el viaje.

Un paisaje inesperado en la estepa

Para los escaladores, el Cañadón Caracoles resultó una sorpresa.

escalada regenerativa en Parque Patagonia
Crédito Foto: Marcos Estrada


“Muchos escaladores solemos pasar por esa zona, sólo como un lugar de transición hacia la cordillera. No nos esperábamos encontrar un lugar de esas características escondido entre la estepa”, relató Joaquín.

En el fondo del cañadón, los paredones de roca resguardan el humedal del viento. Joaquín dice que esas paredes forman “un refugio frente a los fuertes vientos y el sol”, un lugar donde la vida se concentra en medio de la estepa.

“El cañadón está lleno de vida. Zorros, hurones, cuises y muchas especies más habitan el humedal y te los encontrás apenas te bajás del auto. Al mirar al cielo es común ver cóndores volando, y en las terrazas del cañadón, si tenés suerte, podés llegar a ver un puma descansando”, describe.

Cuando escalar también puede restaurar

El grupo permaneció seis días en el lugar. Acamparon cerca del sector de escalada y organizaron la logística para poder permanecer ahí de manera autosuficiente.

“Al ser escaladores estamos acostumbrados a la logística de acampe, pero el desafío fue la escasez de agua. Lo resolvimos llevando un tanque de 200 litros en la camioneta, lo que nos permitió ser autosuficientes durante toda la estadía”.

escalada regenerativa en Parque Patagonia
Crédito Foto: Marcos Estrada


Las jornadas combinaron escalada con descanso, y fue justamente en uno de esos días sin actividad en la pared cuando participaron de la plantación de juncos en el humedal.

“Normalmente los días de descanso son un poco aburridos, pero en el Cañadón pudimos aprovechar para hacer algo distinto y sumar desde otro lado”, contó.

La experiencia también modificó la manera en que el grupo observa el lugar.

“Como escaladores conocemos el concepto de ‘no dejar rastro’, pero participar de la restauración nos hizo dimensionar el trabajo que hay detrás del parque. Entendimos la importancia del humedal y cómo nuestras acciones impactan directamente en la fauna que depende de él”, explicó.

Durante la jornada aprendieron sobre el funcionamiento del ecosistema y el trabajo de restauración que se desarrolla ahí.

“Nos sorprendió ver cómo controlan las especies invasoras para que no consuman el agua y cómo el juncal ayuda a retenerla en todo el sector. Aprendimos a leer el paisaje de otra manera, viendo no solo vías de escalada, sino un ecosistema vivo”.

escalada regenerativa en Parque Patagonia
Crédito Foto: Marcos Estrada


La experiencia también dejó una reflexión más amplia sobre el vínculo entre deporte y naturaleza. “La escalada regenerativa le da un rol activo al escalador dentro del ambiente que visita. No se trata solo de evitar impactos negativos, sino también de aportar a la conservación”, cuenta Joaquín.

Para el grupo, la experiencia también abre una reflexión más amplia sobre el vínculo entre deporte y conservación. Joaquín explica que la llamada “escalada regenerativa” propone un paso más allá del clásico principio de no dejar rastro. “Le da un rol activo al escalador dentro del ambiente que visita”, señala.

En la comunidad de escaladores ya existen prácticas incorporadas, como el manejo de residuos o el cuidado de los sitios donde se escala. Pero el crecimiento del deporte también abre nuevos sectores y plantea discusiones sobre su impacto, desde el uso del magnesio hasta la creación de senderos sin planificación.

En ese contexto, sostiene, la escalada regenerativa “puede convertirse en una herramienta concreta para la conservación y la restauración de distintos ecosistemas”.

Deja tu comentario