Estudiantes de la Escuela Laboral Domingo Savio de Río Gallegos viajaron a Cabo Vírgenes, descubrieron su biodiversidad y crearon Pingüisavio, una agencia de comunicación ambiental que ya tiene su propio programa de radio. Una experiencia que comenzó en las aulas y terminó despertando nuevas formas de aprender, contar y cuidar la naturaleza.
Para algunos fue la primera vez frente al mar. Para otros, la oportunidad de descubrir que detrás de ese paisaje tan familiar para quienes viven en la Patagonia existe un mundo de especies, relaciones y pequeñas historias que pocas veces nos detenemos a observar. Lo cierto es que, después de visitar Cabo Vírgenes, un grupo de estudiantes de la Escuela Laboral Domingo Savio de Río Gallegos volvió con algo más que fotografías y recuerdos: las ganas de contar lo que había aprendido.
Así nació Pingüisavio, una agencia de comunicación creada por alumnos de cuarto año que hoy tiene su propia cuenta de Instagram, realiza entrevistas y hasta cuenta con un programa de radio. El proyecto surgió de una propuesta educativa desarrollada junto a Fundación Por el Mar, que reunió a docentes de Biología y Lengua y Literatura con especialistas en conservación y comunicación.
Pero lo más interesante es que fueron los propios estudiantes quienes comenzaron a encontrar nuevas maneras de compartir ese conocimiento.
El mar como punto de partida
“Para algunos de los chicos fue la primera vez que conocían el mar”, cuenta Samantha Zacharewicz, de Fundación Por el Mar, al recordar la visita que realizaron a Cabo Vírgenes junto a los dos cursos de cuarto año, con el acompañamiento del Consejo Agrario Provincial y la Escuela Laboral Domingo Savio
Durante esa jornada descubrieron la biodiversidad del lugar, conocieron más sobre los pingüinos de Magallanes y su relación con el ambiente marino, exploraron aspectos de la historia y la cultura de la zona.
La experiencia también les permitió acercarse a pequeños descubrimientos que suelen pasar inadvertidos. Caracoles, huevos de raya y otras señales de la vida marina despertaron preguntas y una curiosidad que después trasladaron a las aulas.
Brian, uno de los estudiantes que participa del proyecto, dice que cree “que los chicos somos como muy, muy ingenuos, muy ignorantes a la hora del cuidado del mar”. Y cuando le preguntan qué aprendieron durante este recorrido, explica que “hasta la más mínima contaminación puede afectar a cualquier organismo en el mar”.
El proyecto comenzó con una propuesta de formación para aprender a comunicar. Los estudiantes recibieron herramientas de especialistas de Fundación Por el Mar, participaron de actividades vinculadas con la biodiversidad y comenzaron a pensar cómo transmitir esos conocimientos a otras personas.
Cuando los chicos encuentran su propia voz
De a poco, aquella experiencia se convirtió en algo mucho más grande. Primero apareció la idea de tener una cuenta de Instagram. Después, el deseo de hacer radio. Y así, entre contenidos ambientales, entrevistas y nuevas propuestas, Pingüisavio empezó a construir su propia identidad.
“Ellos pidieron encontrar otras maneras de comunicar”, explica Millie, la profesora de Biología que acompaña el proyecto. Y destaca que fueron los estudiantes quienes eligieron los temas, prepararon los contenidos y organizaron el trabajo. “Nosotros solo acompañamos”.
Para Samantha, observar ese proceso fue uno de los momentos más emocionantes de toda la experiencia. Recuerda que, al principio, muchos de los chicos eran tímidos y les costaba participar. Sin embargo, durante la Expo Savio los encontró recorriendo la escuela, entrevistando a los visitantes y compartiendo información sobre los pingüinos de Magallanes.

“Hoy en día los ves y tienen un programa de radio, van y hacen entrevistas, es muy emocionante”, cuenta.
La iniciativa también tuvo su espacio en la exposición anual de la institución. Los estudiantes transformaron un aula en una experiencia inmersiva que invitaba a sumergirse simbólicamente en el mar de Cabo Vírgenes, entre algas, pingüinos y otras especies marinas.
Y es que la propuesta no se quedó solamente en una actividad escolar. Los chicos encontraron una manera de compartir con sus compañeros, docentes y familias todo lo que habían descubierto durante el viaje, pero esta vez con sus propias palabras y a su manera.
Un aprendizaje que también llegará a Monte León
La articulación entre Fundación Por el Mar y la Escuela Laboral Domingo Savio también encontró otra forma de acercar a los estudiantes a la conservación de los ambientes naturales.
Desde el taller de carpintería, los alumnos trabajaron junto a su docente en la construcción de dos mesas destinadas al Parque Nacional Monte León.
Es otra manera de participar, esta vez desde los oficios que aprenden en la institución, y de comprobar que aquello que producen con sus propias manos puede tener una utilidad concreta en un espacio natural protegido de Santa Cruz.
Samantha destaca que todo este proceso fue posible gracias al trabajo compartido entre docentes, estudiantes, directivos, especialistas y familias. Desde quienes organizaron las actividades hasta quienes prepararon los sándwiches para el viaje, cada uno aportó algo para que la experiencia pudiera concretarse.
Y aunque el proyecto comenzó con una propuesta de educación ambiental, sus resultados también se expresan en la confianza que fueron ganando los estudiantes, en las habilidades que descubrieron y en las ganas de seguir creando.
“Creo que el recibimiento fue con mucha curiosidad, apertura y respeto”, recuerda Samantha. Para ella, acercarse a la naturaleza abre la posibilidad de descubrir aquello que, incluso viviendo relativamente cerca, muchas veces permanece desconocido.
Hoy los chicos de Pingüisavio tienen preguntas, micrófonos, una cuenta de Instagram y muchas historias por contar. Quizás lo más valioso de esta experiencia sea justamente eso: que después de conocer el mar, encontraron una manera propia de hablar de él. Y que ahora son ellos quienes invitan a otros a descubrirlo.
