Los siguen desde que apenas pueden caminar y los ven crecer, jugar, cazar y convertirse en adultos. En Parque Patagonia, una nueva generación de pumas permite conocer como nunca los primeros años de vida de este gran depredador de la estepa.

Tienen alrededor de un mes cuando José Bonomi empieza a buscarlos. Para entonces sabe, por los datos que envía el collar, que una hembra parió y conoce aproximadamente dónde puede estar la madriguera.

Pero hay que esperar.


La madre pasa buena parte del tiempo con sus cachorros y el equipo aprovecha una pequeña ventana cuando sale a cazar. Mediante el collar y un sistema de radio VHF comprueban que esté lejos y recién entonces se acercan.

Puede que los cachorros sigan ahí o que la madre ya los haya trasladado. Cuando los encuentran, les colocan pequeños collares expandibles que permiten seguir sus primeros meses de vida.

“Es muy particular conocer a un animal cuando todavía es cachorro y después ver el crecimiento, todas las etapas. Es increíble”, cuenta José, que trabaja como técnico de campo en Parque Patagonia. Al principio, “el cachorro es muy chiquito, le cuesta caminar, le cuesta todo”. Después se vuelve “más ágil, más activo, es más libre”.

Y empiezan a aparecer las diferencias.

“Vas conociendo la personalidad de cada uno. Es parecido a nosotros, ¿viste? Los hermanos son distintos entre ellos, y cada cual suma a su manera”. 

En el Día Internacional del Puma, que se conmemora cada 30 de agosto, esos cachorros permiten contar una historia que comenzó mucho antes de que ellos nacieran.


Cuando ver una cola era mucho

En enero de 2019, Emanuel Galetto y Emiliano Donadío comenzaron a trabajar en el seguimiento de pumas en Parque Patagonia. Había que aprender a leer huellas, colocar cámaras, identificar los lugares de paso y entender cómo se movían.

“Era difícil ver un puma, estábamos aprendiendo a entender el territorio y las zonas que usaban estos animales”, recuerda Emanuel.

Hasta que apareció Pepito. Era un macho juvenil, de entre dos y tres años. “Fue el primero que pudimos atrapar y el primero que se llevó un collar satelital”, cuenta.


Por entonces, ver un puma ya era mucho. “Eran muy esquivos, tenían miedo al ser humano después de años de haber sido perseguidos”. A veces alcanzaban a ver una cola. Otras, ni siquiera eso.

Con los años, encontrarse con uno dejó de ser una rareza y comenzaron a aparecer escenas antes difíciles de observar: cacerías, interacciones entre individuos y madres jugando con sus cachorros.

Pepito también fue creciendo. “Verlo crecer desde juvenil, cuando no tenía un territorio propio, cuando aprendió a cazar…”, recuerda Emanuel. Tuvo que disputar su espacio con otros machos, estableció su territorio y hoy sigue siendo monitoreado. Además, “es el padre de muchos cachorros que nacieron en Parque Patagonia”. Junto a Sable, una hembra que fue madre de numerosas crías se convirtió en uno de los animales “íconos” del proyecto.

Conocer el comienzo

Emiliano Donadío, biólogo y director científico de Fundación Rewilding Argentina, comenzó junto a Emanuel aquel trabajo en 2019. Ahora explica que seguir a los cachorros permite responder preguntas sobre una etapa de la que todavía faltaba información.

Las crías representan el período más vulnerable en la vida de un puma. Una investigación de ocho años realizada en Estados Unidos encontró que la probabilidad de supervivencia desde el nacimiento hasta los seis meses es del 60%. En los subadultos, de 7 a 27 meses, asciende al 72% y, en los adultos de dos años o más, llega al 86% anual.

“Como muestran los números, las crías son las más vulnerables”, explica Donadío. El desafío ahora es conocer qué ocurre en Patagonia. Esto es, cuántos cachorros sobreviven y cuáles son las causas de sus muertes.

Durante mucho tiempo había más información sobre los adultos. Faltaba conocer el comienzo.


Solitarios, pero no aislados

Los años de observación también permitieron entender mejor su comportamiento y, como explica Donadío, “que sean solitarios no significa que no tengan interacciones sociales”. 

El equipo registró tres hembras con sus crías compartiendo una carcasa de guanaco, individuos viajando juntos y machos tolerando a las hembras. 

En Monte León, Donadío recuerda una escena particular. Una hembra llegó a una pingüinera, capturó un pingüino y se instaló a comer en la playa. Poco después apareció un macho, consiguió el suyo y se sentó a comer a su lado, “como si fuera una cita romántica”, dice. 

Son pequeñas ventanas a una vida social que ocurre muchas veces fuera de nuestra mirada y no es lo único que empieza a verse de otra manera.


También hay indicios de aprendizajes que podrían pasar de madres a cachorros. Emiliano recuerda un registro en chile,cuando una hembra caminaba con sus crías frente a vehículos detenidos. Ella siguió sin prestarles atención, pero uno de los pequeños se frenó. “Entonces la hembra lo llama, le hace este sonido de llamado, y ahí el cachorro continúa caminando”. Para el biólogo en ese gesto hay también un aprendizaje. La madre les muestra a sus cachorros que las personas no necesariamente representan un peligro. 

Aprender a coexistir

Para Emanuel Galetto, conocer al puma también significó entender el lugar que ocupa dentro de un sistema mucho más grande.

“Me enseñaron lo importante que es para un ecosistema un depredador tope”, dice. Su presencia influye sobre los herbívoros y, a partir de ahí, sobre la vegetación y otras especies. Incluso sus presas terminan alimentando a carroñeros como zorros, peludos y cóndores. “Cómo se vinculan, cómo es toda esa red dentro de un ecosistema, me parece lo más interesante y desafiante”.

Al mismo tiempo, cuando Donadío mira la historia completa y los cambios de estos años, encuentra otra transformación. Entre los productores empiezan a convivir distintas maneras de mirar al puma.

“Hay mucha diversidad de opiniones”, señala. Algunos incorporan perros protectores, cambios en el manejo de las ovejas o dispositivos de disuasión. Otros empiezan a pensar incluso en el turismo de observación. “En Santa Cruz ya hay productores que están pensando en empezar a ver al puma como un aliado, no como un enemigo; un aliado que les puede generar ingresos”. 

Quizás ahí también haya otra generación empezando a mirar distinto. 


Mostrarse tal cual son

Pasar tanto tiempo entre ellos cambió también la mirada de José. “Este tiempo viviendo entre pumas, aprendiendo a buscarlos, conociéndolos al fin, generando el vínculo que tenemos… la verdad que me doy cuenta de que es un animal muy noble”, reflexiona.

Emanuel, por su parte, se queda con otra característica: su capacidad para persistir. “Es una especie que se la rebusca para sobrevivir en paisajes dominados por el ser humano”.

Tal vez esa sea también la historia detrás de estos cachorros. Algunos descienden de animales que los investigadores conocen desde hace años y forman parte de una generación cuya vida hoy puede acompañarse prácticamente desde que aprende a caminar.

José los encuentra pequeños, torpes, todavía dependientes de sus madres. Después los ve correr, acechar, jugar y convertirse en adultos.

Y mientras ellos aprenden a ser pumas, nosotros seguimos aprendiendo algo bastante más difícil: a conocerlos tal cual son.

Daniella Mancilla Provoste

Deja tu comentario