Con un triplete del capitán Lionel Messi, la Selección venció 3-0 a Argelia en Kansas City y empezó con autoridad la defensa del título. El 10 alcanzó los 16 goles en Copas del Mundo e igualó a Miroslav Klose como máximo artillero histórico del torneo.
En Kansas City, la Selección derrotó 3-0 a Argelia por la primera fecha del Grupo J, con una actuación determinante de Messi, autor de los tres goles del equipo de Lionel Scaloni.

Argelia mostró intensidad, encontró espacios en algunos tramos del primer tiempo y llegó a incomodar a una Argentina que todavía parece estar ajustando piezas. Hubo goles anulados, momentos de paridad y algunas desatenciones defensivas que el cuerpo técnico seguramente tomará como señales de alerta de cara a lo que viene.
Pero la diferencia volvió a estar donde tantas veces estuvo: en los pies de Messi. El capitán abrió el marcador en la primera mitad con un remate desde afuera del área y encaminó un partido que hasta ese momento se jugaba con más tensión que claridad. En el complemento, cuando Argentina encontró más movilidad y profundidad con los cambios, el 10 volvió a aparecer para liquidar la historia.
El segundo llegó después de una jugada que lo encontró bien ubicado en el área, atento al rebote y listo para ampliar la ventaja. El tercero, con su sello habitual, terminó de convertir la noche en un capítulo más de su leyenda mundialista: control cerca de la medialuna, zurdazo preciso y festejo de una multitud argentina que volvió a sentirse local lejos de casa.
Con esos tres goles, Messi llegó a 16 tantos en Mundiales e igualó al alemán Miroslav Klose como máximo goleador histórico de la Copa del Mundo. Además, en una nueva participación mundialista, el capitán argentino volvió a ampliar una carrera que parece resistirse a cualquier cierre definitivo.
Para Scaloni, el triunfo tiene un valor doble. Por un lado, Argentina sumó tres puntos clave en el arranque del grupo y evitó cualquier sobresalto inicial en la defensa del título conseguido en Qatar. Por otro, dejó la sensación de que el equipo todavía tiene margen de crecimiento: necesita mayor solidez defensiva, más continuidad en el juego y una estructura que no dependa siempre de la aparición salvadora de Messi.
Aun así, el balance fue claramente positivo. En un Mundial donde el debut suele pesar y donde los candidatos necesitan confirmar rápido su condición, Argentina respondió con autoridad. No fue una actuación perfecta, pero sí una victoria contundente, con personalidad y con una figura capaz de transformar un partido cerrado en una noche inolvidable.
La Selección volverá a jugar el lunes, desde las 14, ante Austria, por la segunda fecha del Grupo J. Después de un arranque ideal, el desafío será sostener el envión, corregir las señales de fragilidad y demostrar que la ilusión del bicampeonato puede apoyarse en algo más que en otra obra maestra de su capitán.