Fuerte cuestionamiento al Consejo Nacional de Malvinas que lleva más de 500 días sin reunirse y que no hay una estrategia nacional. “El tiempo es un enemigo”.

Andrés Dachary, secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de Tierra del Fuego sostuvo en diálogo con El Rompehielos que “Argentina no puede condicionar su política exterior, y especialmente la cuestión de las Islas Malvinas, en función de la adhesión o no de los Estados Unidos. Tenemos que tener una política autónoma”.

La posibilidad de que Estados Unidos revise su histórica posición frente a la Cuestión Malvinas sacudió, en pocos días, un tablero que durante décadas pareció moverse muy poco. La administración de Donald Trump, según reportes internacionales, evalúa utilizar el tema como una herramienta de presión sobre el Reino Unido, en medio de tensiones por el rol británico frente a la guerra con Irán y por el reacomodamiento interno de la OTAN.

Pero detrás del ruido diplomático, de los títulos alarmistas en la prensa británica y de la expectativa que generó la noticia en la Argentina, aparece una pregunta más incómoda: ¿el país tiene una estrategia propia para aprovechar una eventual fisura entre Washington y Londres?

Dachary no niega que el movimiento pueda abrir una oportunidad. Tampoco lo sobredimensiona. Para él, puede ser una ventana para la Argentina, pero también una maniobra de presión de Trump sobre el Reino Unido. “No creo que Trump se haya despertado convencido de que el colonialismo es malo y esté tomando una postura moral sobre Malvinas”, señaló.  “En muchos medios salió ésto del cambio su postura, pero los Estados Unidos desde 1982 hasta hoy se declararon neutrales en el conflicto”.


En EE.UU., parlamentarios demócratas salieron a expresar su apoyo al Reino Unido, una señal de que la discusión también atraviesa la grieta política interna norteamericana. “Hoy la dinámica internacional está básicamente marcada por la psicología de los líderes y sus reacciones”, planteó. “Puede pasar cualquier cosa”. Y justamente por eso, la Argentina debería tener una estrategia más sólida, no más dependiente.

Según sus declaraciones a El Rompehielos, el país descuidó en los últimos años vínculos que habían sido importantes para sostener el reclamo argentino en distintos ámbitos internacionales: apoyos regionales, hemisféricos, además de relaciones con potencias como China y Rusia. “Eso ha sido un retroceso”, afirmó.

“En el Reino Unido hay un montón de tendencias que se están sucediendo en paralelo, que Argentina no viene aprovechando”, sostuvo. Mencionó la crisis posterior al Brexit, las tensiones económicas, los problemas migratorios, el debate independentista en Escocia, la discusión sobre Irlanda del Norte y un cambio generacional frente al pasado: “Ya no existe más ese orgullo del legado colonial, sino todo lo contrario”, señaló.


Hoy esta nueva oportunidad externa choca contra la falta de una política de Estado sostenida sobre Malvinas. “El Consejo Nacional de Asuntos Relativos a Malvinas, hace más quinientos días que no se reúne; hubo una única reunión desde la administración Milei”.

“Lamentablemente Malvinas cayó en el barro de la política, cayó en el oportunismo, cayó en esa necesidad de mostrar algún tipo de resultado, pero sin una política integral”, advirtió.

“Vos fijate hoy con todo esto que produjo esta noticia, con todo este nuevo auge malvinero, ¿qué es lo que pide Argentina? Argentina pide la recuperación de negociaciones, como sucedió en la década del sesenta. Okey, ¿qué negociaríamos? ¿Y qué propuestas llevaríamos?”.

El argumento de autodeterminación como estrategia británica

Según Dachary, los últimos acuerdos construidos bajo el llamado “paraguas de soberanía” permitieron sostener agendas positivas con el Reino Unido, pero también contribuyeron a diluir el carácter estructural de la disputa. “Si vos eliminás la noción de conflicto, es mucho más fácil diluir en el tiempo. Y yo creo que el tiempo es un enemigo de la Argentina”, señaló.


El Reino Unido entendió hace décadas que el colonialismo tradicional ya no tenía lugar en el mundo y desplazó su estrategia hacia el argumento de la autodeterminación de los isleños, para Dachary “inexistente” por ser una población implantada. Argentina, en cambio, no logró consolidar una respuesta sostenida frente a ese movimiento. “Hay que malvinizar, falta mucha formación en distintos ámbitos de nuestra clase dirigente y recién ahí vamos a poder apelar a tener una estrategia seria”, sostuvo.

“Cuando tenés un conflicto con alguien que te supera económica, política y militarmente, la herramienta que te queda es apelar a tu razón a través de las normas que regulan el sistema internacional”, explicó. Y en esa línea vinculó Malvinas con otro eje central para Tierra del Fuego: la Antártida. “El sistema del Tratado Antártico es el último bastión del derecho internacional”, afirmó.


El eventual giro de Estados Unidos, entonces, abre una escena incierta. Puede ser una presión de Trump sobre Londres. Puede ser una oportunidad para la Argentina. Puede ser apenas un movimiento más dentro de un mundo cada vez más imprevisible. Pero, para Dachary, lo decisivo no está en Washington ni en Londres, sino en Buenos Aires.

La pregunta de fondo es si la Argentina está preparada para transformar una fisura ajena en una estrategia propia. Porque si Malvinas vuelve a entrar en el centro de la política internacional, el riesgo no es sólo que el país desaproveche una oportunidad. El riesgo mayor es que otros vuelvan a mover las piezas mientras la Argentina mira el tablero desde afuera.

Manuel Fernández Arroyo

Deja tu comentario