En las mesetas de Santa Cruz, el control del visón americano se volvió clave para proteger especies que no existen en ningún otro lugar.

Frente a ese escenario, en Santa Cruz se sostiene desde hace más de una década un plan de control sostenido, pensado no como una solución simplista, sino como una herramienta concreta para proteger zonas críticas de reproducción y evitar pérdidas irreversibles.


“El visón es un depredador generalista, muy adaptable y con un metabolismo altísimo: necesita comer todo el tiempo”, explica Patrick Boucharan, uno de los responsables del trabajo en campo. A diferencia de otros carnívoros, puede cazar dentro y fuera del agua, trepar, nadar largas distancias y adaptarse tanto al bosque como a la estepa abierta.

En Santa Cruz, “hubo registros de un solo visón que en una noche mató más de 30 macá tobiano que estaban nidificando. Eso era cerca del cinco por ciento de la población total en ese momento”, recuerdan los técnicos. No se trata solo de cazar para alimentarse: el visón también practica lo que se conoce como surplus killing, matando más presas de las que consume cuando encuentra una oportunidad fácil.

Por eso, advierten, no alcanza con que haya pocos individuos. “No podemos permitir ni siquiera un visón en una laguna de reproducción. El riesgo es enorme”, remarcan.

Trampas flotantes y trabajo paciente

El plan de control se apoya en un sistema diseñado para ser selectivo y eficaz: trampas montadas sobre balsas flotantes, ubicadas en cursos de agua y lagunas. “Al estar en el agua, solo entra el visón. En tierra sería imposible evitar capturas accidentales de otras especies”, explica Morgan Pendaries.

Las trampas se distribuyen en baterías a lo largo de ríos y sectores donde previamente se detectaron madrigueras, muchas veces con ayuda de perros entrenados. La revisión se realiza cada una o dos semanas, según la logística del lugar, y el trabajo se concentra entre primavera y otoño, cuando el hielo aún no interfiere con el funcionamiento del sistema.

Cada animal capturado aporta información valiosa: peso, tamaño, sexo, estado corporal, muestras genéticas y dientes, que luego permiten estimar la edad. “No es solo control, también es generación de conocimiento para entender cómo se mueven las poblaciones y hacia dónde avanza la especie”, señalan.


Zonas seguras para especies únicas

El esfuerzo se focaliza en zonas críticas, especialmente en lagunas donde se reproducen especies amenazadas como el macá tobiano, la gallineta chica o el pato de los torrentes. En estos ambientes, cualquier descuido puede tener consecuencias definitivas.

“Si no existiera este plan, hoy el escenario sería completamente distinto”, aseguran. La expansión del visón no se detiene sola: sigue avanzando hacia nuevas cuencas y, con el agua como corredor natural, puede llegar a lugares donde todavía no está presente.

El control del visón en Santa Cruz no es una tarea aislada. Se realiza en articulación con organismos provinciales, la Administración de Parques Nacionales y también con productores y dueños de campos privados, donde se instala buena parte de las trampas.

Actualmente, el modelo se replica en áreas protegidas como el Parque Nacional Patagonia, el Parque Nacional Los Glaciares y otros parques del país, donde los equipos locales sostienen el monitoreo en el tiempo. En localidades como El Chaltén, incluso se sumaron voluntarios de la comunidad al trabajo de campo.

“Cada trampa que otra institución puede revisar nos permite abrir nuevas áreas de control. Es la única forma de seguir avanzando”, explican.

“Yo entré a biología porque me gustan los animales. Si me decían al principio que iba a trabajar en control de especies, quizás no lo aceptaba”, confiesa uno de los entrevistados. Pero el contacto directo con el territorio cambia la mirada. “Cuando ves el daño que generan las especies exóticas invasoras, entendés que no hacer nada también es una decisión, y una muy grave”.

Para ellos, cada especie que se pierde es una pérdida patrimonial. “Hablamos de patrimonio cultural, de edificios, de historia, pero la naturaleza también es patrimonio. El macá tobiano es el resultado de millones de años de evolución en estas mesetas. Si lo perdemos, no hay vuelta atrás”.

Deja tu comentario