El corredor costero conecta Comodoro Rivadavia, Camarones, Rawson y Trelew a través de áreas protegidas, bosques petrificados, pueblos pesqueros y sitios de avistaje de fauna marina. Sobre la presencia de la ballena sei, Eduardo Carrasco afirmó que Comodoro es “el único lugar del mundo donde puede apreciarse con tanta cercanía desde embarcaciones turísticas”.

La historia visual de la Patagonia suele narrarse desde la imponencia de la cordillera de los Andes, como si el encanto del sur terminara en las cumbres nevadas y los bosques centenarios. Sin embargo, en el extremo oriental de la provincia de Chubut late un ecosistema donde la prehistoria, la fuerza del océano y una biodiversidad abrumadora reclaman su propio protagonismo. Ese territorio inmenso y durante mucho tiempo incomprendido hoy encuentra su cauce a través de la Ruta Patagonia Azul, una traza costera que se posiciona entre los recorridos más cautivantes y menos explorados del sur sudamericano.
Este itinerario fue concebido como un pasillo natural que hilvana antiguas caletas pesqueras, atravesando áreas naturales protegidas de reciente creación como el Parque Provincial Patagonia Azul, y localidades con infraestructura moderna. El mar Atlántico funciona allí como un faro que guía al viajero a lo largo de cientos de kilómetros donde el viento esculpió acantilados imposibles y protegió refugios de fauna salvaje que permanecen intactos desde hace milenios.
El portal sur y un paisaje arrebatado a otro planeta
El punto de partida natural para adentrarse en esta travesía es la ciudad de Comodoro Rivadavia, que asumió con firmeza su rol como el extremo sur y la gran puerta de entrada al corredor costero. La carta de presentación en este sector es el Área Natural Protegida Rocas Coloradas, al que se accede a través de la localidad de Caleta Córdova, pocos kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia. Es un santuario geológico donde las formaciones arcillosas adquieren tonalidades cobrizas, ocres y rojas que caen a pique sobre las aguas azules. Recorrer el Valle Lunar o el Monte de Meteoritos en ese entorno genera una desorientación sensorial cautivante que rompe con cualquier molde paisajístico tradicional.
La magnitud visual del área se completa con la presencia de un bosque petrificado cuyos troncos fósiles llevan más de sesenta millones de años incrustados en el suelo estepario. Al respecto, el director de Turismo comodorense, Eduardo Carrasco, destacó el valor estratégico de este patrimonio para modificar el mapa de los viajes en el litoral. El funcionario remarcó que contar con una geografía tan particular les permite dejar de ser vistos únicamente como una ciudad de paso para consolidarse como el punto de partida de una experiencia increíble y singular, impulsada por un paisaje icónico que “remite a Marte, pero con el océano como escenario”.
De la geología rojiza al santuario agreste de Camarones
El secreto del éxito de este corredor radica en una transformación profunda respecto a cómo se vinculan los municipios y los atractivos de la provincia. En el diseño de la Ruta Patagonia Azul se destaca un tejido de cooperación que conecta a Comodoro Rivadavia con Rada Tilly, el pintoresco barrio costero de Caleta Córdova, la histórica localidad de Camarones, la zona de Rawson, cercana a la ciudad de Trelew, donde finaliza la ruta.
Carrasco explicó que la idea motriz no es que los pueblos compitan por retener al viajero, sino lograr una articulación inteligente donde “cada uno complemente al otro y lo incentive a seguir recorriendo”. Desde Rocas Coloradas, próximo a Caleta Córdova, pasando por Bahía Bustamante, el portal Isla Tova, llegando al Cabo Dos Bahías, próximo a Camarones, siguiendo ruta arriba por Cabo Raso y luego Punta Tombo, hasta llegar a Rawson y Trelew, hay infinidad de atractivos y motivos para sorprenderse. Esa continuidad en el mapa permite que la travesía fluya de manera armónica desde el asombro geológico del sur hacia el corazón marino del centro provincial, donde se despliega la vasta extensión del Parque Provincial Patagonia Azul y su archipiélago de sesenta islas frente a las costas de Camarones.

Alrededor de estas islas, por las que se navega con los guías locales, se puede observar gran variedad de especies marinas desde cormoranes, petreles, hasta pingüinos de Magallanes, ballenas jorobadas, toninas overas, entre otros. En ese tránsito constante, cada parada regala hallazgos que van desde sitios con restos de antiguos camélidos y del célebre protoornitorrinco, hasta caminatas solitarias por extensas playas donde la fauna costera no conoce el miedo a la presencia humana.
La ballena sei y la revolución del turismo náutico
Más allá de la magia esteparia y los acantilados de colores, la gran revolución del itinerario sucede mar adentro. El Golfo San Jorge se convirtió en los últimos años en el escenario de uno de los mayores hitos para el ecoturismo y la ciencia marina de la región gracias a la presencia sostenida de la ballena sei. Este imponente cetáceo es reconocido por los investigadores como la tercera especie de ballena más grande del planeta e indiscutiblemente la de nado más veloz en todos los océanos del mundo.

Su hábito de alimentación en estas aguas sureñas abrió una oportunidad inédita para la observación respetuosa de fauna. Carrasco valoró el impacto de este fenómeno que combina ciencia y aventura en un mismo producto turístico, remarcando con orgullo que Comodoro Rivadavia se consolidó en la actualidad como “el único lugar del mundo donde puede apreciarse con tanta cercanía desde embarcaciones turísticas”. A esta experiencia de escala global se sumarán en los próximos meses nuevas propuestas como el buceo y el snorkel con lobos marinos en bosques de macroalgas, actividades que se podrán realizar a muy poca distancia del casco céntrico comodorense.
Exploradores independientes y el impulso al interior
Entre los visitantes de hoy predomina una corriente de viajeros independientes, parejas y grupos reducidos con una sensibilidad especial hacia la conservación, la fotografía de naturaleza y el senderismo agreste. La integración de la ruta cambió los tiempos del viaje, ya que quienes antes pasaban solo una noche antes de seguir hacia otros rumbos, hoy encuentran incentivos de sobra para planificar travesías de una semana explorando cada caleta y cada refugio costero.
Este cambio en la dinámica de circulación turística genera una inyección económica directa sobre la hotelería, la gastronomía, los guías especializados y los comercios en cada una de las escalas del recorrido. Al distribuir el flujo de visitantes a lo largo de todo el año, la Ruta Patagonia Azul logra romper la estacionalidad tradicional y confirma que el sur argentino aún guarda secretos capaces de cortar el aliento para quienes se animen a explorar la inmensidad de su litoral marítimo.