En Parque Patagonia, el monitoreo de Mirta y su cría aporta información clave sobre la especie y confirma el buen estado del ecosistema. José Bonomi, técnico de campo del equipo de Conservación, cuenta cómo fue encontrarla por primera vez y seguir sus primeros meses de vida.

Durante meses, José Bonomi siguió los movimientos de Mirta a través de su collar satelital.

“Pude ver mediante los puntos del collar GPS que pasó varios días con Bandido, el macho dominante que tenemos en la zona de Los Toldos. No llegué a verlos juntos, pero sí en la misma zona. A los tres meses una tarde me crucé a Mirta y estaba con una panza enorme. Era un indicador de que estaba por parir”, recuerda.

Puma en Parque Patagonia


“Yo justamente iba a salir unos días del parque, pero estaba ansioso por ver qué pasaba. Cuando volví fui directo a revisar el lugar. Iba pensando: ‘Ojalá que sean tres, ojalá que sean tres'”, cuenta.

Cuando volvió al lugar, la escena fue inolvidable.

“La mamá había salido a cazar y en la mata encontré una cachorrita que estaba sola. Fue increíble. Estaba ella solita… verla hoy es impresionante por la velocidad con la que crece.”

Por eso la llamaron Soledad.

Puma en Parque Patagonia


Los primeros pasos

Hoy Soledad tiene apenas cuatro meses. Todavía depende completamente de Mirta, aunque su crecimiento avanza a una velocidad que sorprende incluso a quienes la observan desde sus primeros días.

“Al principio los cachorros no son muy ágiles. Tienen las patitas cortas y les cuesta desplazarse por sí solos. Es muy divertido verla seguir a la mamá, que va caminando despacito y la espera. Después se vuelven súper ágiles, juegan muchísimo con la madre y otra cosa importante es verla comer carne. Sigue mamando, pero cada vez come más carne”, explica José.

Durante esta etapa, el trabajo del equipo consiste en seguir cada uno de esos cambios sin alterar su vida silvestre.

“Tratamos de monitorear a los cachorros por lo menos una vez cada quince días. Lo principal es chequear que esté viva”, resume.

Puma en Parque Patagonia


Para eso, durante los primeros meses les colocan un collar extensible que cae por sí solo aproximadamente a los seis meses.

“Estos collares tienen una alerta de mortalidad. Si el collar se sale o el cachorro muere, nos emite una señal que escuchamos con nuestros equipos de rastreo y vamos a constatar qué pasó”, explica.

Después llegan las largas jornadas de observación.

“Por lo general los observamos desde una distancia donde ellos se sienten tranquilos. Hacemos registros con cámara de fotos, binoculares y también pueden aparecer en las cámaras trampa, pero principalmente salimos al campo y buscamos a los pumas”.

El primer invierno

Con apenas cuatro meses de vida, Soledad atraviesa su primer invierno en la estepa patagónica. Todavía depende por completo de Mirta, pero ya empezó a descubrir que la habilidad más importante para un puma es la de aprender a sobrevivir.

“Todavía es muy dependiente de la mamá. Tiene que aprender a cazar. La vida del puma adulto es bastante difícil. Cazar un guanaco, que pesa mucho más que ellos, no es sencillo y manejar bien la técnica de cacería es fundamental para sobrevivir”, explica.

La independencia todavía está lejos.

“Se independizan entre los 12 y los 18 meses. Las hembras, por lo general, tardan un poco más y además suelen quedarse cerca del lugar donde nacieron. Ojalá que Soledad se quede por acá, pero todavía falta mucho para saberlo”.

Mientras tanto, José sigue acumulando escenas que difícilmente olvide.


“Después de una cacería de Mirta se quedaron un buen tiempo en un cañadoncito. La cría todavía era muy chica, pero jugaba mucho con la mamá, se le subía arriba y estaban tan tranquilas de que las viéramos… fue tremendo”, recuerda.

Otra imagen quedó grabada en su memoria.

“Las pude ver caminando por unas cárcavas de arcilla espectaculares. La cría ya se movía un poquito mejor y verla saltar de cárcava en cárcava era muy divertido”. Y la primera nevada sumó una postal inolvidable.

“A la mañana siguiente salí a buscarla y la pude ver en la nieve. Esa vez también estuvo tremenda”

Puma en Parque Patagonia


Lo que cuenta Soledad

El seguimiento de Soledad también permite comprender cómo responde el ecosistema que la rodea. Desde que nació la cachorra, Mirta intensificó su actividad de caza para alimentarla durante el invierno.

“Me impresiona verla acechando todo el tiempo. Tener que alimentar a una cría en pleno invierno demanda muchísima energía. Es impresionante lo efectiva que es cazando. Hemos encontrado muchas carcasas y eso demuestra que hay buenas presas en el parque para mantenerlas vivas. Estamos muy contentos con el estado del parque”, explica José.

Por eso, para el equipo de Conservación, cada nueva camada representa mucho más que un nacimiento.

“Registrar una nueva cría es una buena señal. Para un animal salvaje reproducirse es muy costoso energéticamente y que Mirta haya podido tener una cría quiere decir que está satisfaciendo sus necesidades. Creemos que es una muy buena señal de que el parque se encuentra en buenas condiciones para la fauna”.

Para José, seguir el crecimiento de Soledad también es seguir imaginando el futuro. “Es una alegría tremenda y siempre con la ilusión de que lleguen a grandes y sean el futuro del parque y de la especie”.

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