La temporada reproductiva 2025-2026 dejó uno de los mejores registros de los últimos años para una especie que existe únicamente en Santa Cruz. Hubo numerosas colonias, más de cien nacimientos y equipos trabajando durante meses en las mesetas. Con una población estimada en alrededor de 750 individuos, el desafío ahora es saber cuántos pichones lograron completar la migración.
Mientras el invierno cubre de nieve las mesetas del noroeste santacruceño y congela sus lagunas, el Macá tobiano cambia de escenario. Después de reproducirse durante el verano, abandona las zonas de altura y se desplaza hacia los estuarios de los ríos Coyle, Gallegos y Santa Cruz.
Pero el trabajo para conservarlo no se detiene.
“Justo hace unos días parte de los chicos de la Fundación estuvieron haciendo censos y muestreos en el estuario de Puerto Santa Cruz, haciendo conteos y también viendo el uso del estuario en cuanto a alimentación y cantidad de individuos”, contó Pablo Hernández, integrante de la Fundación Macá Tobiano, en diálogo con Ser Ambiente, por LU14 Radio Provincia.
El invierno permite seguir los movimientos de las aves, pero también empezar a analizar lo que ocurrió durante la temporada reproductiva 2025-2026. Y esta vez el balance dejó una noticia que entusiasma a quienes trabajan desde hace años para evitar la desaparición de la especie.
“Nacieron más de 100 pichones”, confirmó. La cifra adquiere otra dimensión cuando se la compara con la población total del macá tobiano, estimada actualmente en alrededor de 750 individuos.

Una temporada que hacía años no se veía
Una de las claves estuvo en la vinagrilla, la planta acuática que los macás utilizan para construir sus nidos y que esta temporada apareció en numerosas lagunas.
“Fue un año muy bueno porque la vinagrilla, que es la planta que utilizan los macás para hacer los nidos, salió en un montón de lagunas y tuvieron el material para hacerlos”, explicó.
Las buenas condiciones permitieron sostener numerosas colonias y obligaron a desplegar un operativo importante en plena meseta santacruceña.
“Tuvimos casi cuatro o cinco campamentos en simultáneo. Eso quiere decir que había dos o tres personas como mínimo acampadas durante casi toda la temporada, cuidando esos nidos, esas colonias. Ese es el trabajo principal que se hace en verano”, relató Hernández.
Criar un pichón: meses de trabajo detrás de un pequeño huevo
La temporada también permitió continuar uno de los proyectos más complejos de conservación del macá: rescatar huevos, incubarlos artificialmente y criar a los pichones con el objetivo final de devolverlos a la naturaleza.
El antecedente inmediato había sido histórico. Después de diez años de intentos, durante la temporada anterior consiguieron liberar tres pichones criados bajo cuidado humano. Este año lograron nuevamente recolectar huevos y que nacieran ejemplares, pero apareció un problema.
También hay una dimensión menos visible de ese trabajo: cuánto cuesta hacerlo.
Llegar a una laguna donde se reproduce el macá implica recorrer cientos de kilómetros, contar con vehículos preparados para la meseta y sostener equipos durante meses.
“Subir a una meseta implica tener un vehículo 4×4 sí o sí, gasoil para subir y bajar. Si salís de Buenos Aires y vas a Gregores son casi 500 kilómetros. Son cinco o seis horas. Tenés que tener dos o tres personas acampadas, comiendo y con gas durante tres meses, que es lo que dura la temporada”, enumeró Hernández.
A eso se suman botes inflables, elementos de seguridad, equipos para transportar los huevos, incubadoras y personal capacitado. Y cuando finalmente nace el pichón, comienza otra etapa.
“Cada media hora hay que darle de comer. Hay gente que no duerme o duerme pocas horas, se hacen turnos. Parece fácil contarlo así, pero si te ponés a contar cada etapa y cada detalle de lo que lleva llevar un huevo a una incubadora, es un montón”, describió.
El trabajo continúa durante tres o cuatro meses hasta que el ejemplar puede alcanzar las condiciones necesarias para ser liberado.
“Está solamente en Santa Cruz”
¿Por qué destinar tantos recursos y tanto esfuerzo a salvar una pequeña ave que buena parte de la población probablemente nunca llegue a observar en su ambiente natural?
“Depende de la mirada de cada uno, es el valor que se le dan a las cosas”, planteó. “Primero, es endémico. Está solamente en Santa Cruz”, sostuvo.
Su conservación, además, terminó produciendo efectos que excedieron a la propia especie. “Gracias al macá tobiano se creó el Parque Nacional Patagonia, por lo cual se generaron un montón de circuitos turísticos, hay muchos más guías en esta zona noroeste y más turistas vienen a este lugar”, explicó Hernández.
A eso se suma algo menos cuantificable: el ave comenzó a convertirse en parte del paisaje cultural santacruceño.
“Es una parte identitaria y cultural. Es un ave única, que está solamente en Santa Cruz, en ninguna otra provincia, en ninguna otra parte del mundo. Y por suerte empezó a ser parte de la identidad en todos estos años”, señaló.
Hosterías, murales, esculturas y espacios públicos llevan hoy su nombre o su figura en distintas localidades. En Río Gallegos, un gran monumento en la costanera recuerda además que el estuario es uno de los sitios que utiliza durante su migración.
Una Fundación que vuelve a empezar
La Fundación Macá Tobiano también atraviesa un momento particular. Después de conformar una nueva estructura institucional, el equipo necesita reconstruir parte de la logística necesaria para continuar trabajando.
“Estamos como resurgiendo, si se quiere, porque tenemos que volver a comprar vehículos para poder movernos, volver a hacernos de equipo, buscar lugares donde organizarnos, tener bases en distintos lugares”, contó Hernández.
En ese esquema, la articulación con instituciones como la Escuela Agrotécnica de Gobernador Gregores resulta fundamental por su ubicación en el centro de una provincia donde las distancias condicionan cualquier trabajo de campo.
Sin embargo, hay una diferencia enorme respecto de aquellos primeros pasos de 2010.
“Estamos esperanzados en el sentido de que ya entendemos bastante lo que pasa con la especie”, contó. Hace 16 años, recordó, ni siquiera conocían con precisión las migraciones del macá tobiano. Hoy existen censos, registros, protocolos de actuación y años de experiencia acumulada.
Lo que sigue faltando son recursos.
Por eso la Fundación mantiene abierta una campaña para sostener su trabajo. A través de su sitio web se pueden consultar los informes de las distintas temporadas, conocer los proyectos y colaborar económicamente.

El último verano dejó más de cien razones para seguir haciéndolo.
Para una especie que cuenta con apenas unos 750 individuos en todo el planeta, saber que más de cien nacieron en una sola temporada es una buena noticia. Conseguir que sobrevivan es el próximo desafío.