Con la llegada de nuevos vuelos y una propuesta que pone el foco en la Patagonia profunda, el norte de Santa Cruz deja de ser un destino remoto para convertirse en un lugar de encuentro donde el paisaje, muy lejos de las postales de siempre, nos invita a volver a empezar. 

Cuando uno piensa en la Patagonia, el imaginario suele cerrarse rápido. La imagen del azul turquesa de los glaciares o el bosque andino, el viento…  Sin embargo, hay un rincón en el noroeste de Santa Cruz que se resiste a esas postales únicas.

Es una tierra de ocres, de cañadones que parecen cortados por un gigante y de un silencio que solo se rompe con el paso del viento o el vuelo de un cóndor.

noroeste santacruceño


Es en esa inmensidad, donde la estepa parece no tener fin, que el noroeste está viviendo un momento especial. No hablamos de turismo masivo, sino de una forma de consolidarse que, lejos de desdibujarlo, lo hace sentirse más auténtico que nunca

“Estamos viviendo un momento donde el destino se siente más pulido, más diverso, y sobre todo, más accesible”, dice Federico Djeordjian, director de Chelenco Tours, quien conoce estos caminos como la palma de su mano. Y no lo dice solo por los circuitos que se perfeccionan, sino por un cambio logístico que marca un antes y un después.

Y es que la llegada de los vuelos directos de American Jet, que comenzarán a unir Aeroparque con Perito Moreno a partir del 1 de julio, marca ese punto de partida que la región estaba esperando para dejar de ser un destino remoto y empezar a ser un lugar de encuentro.

La ruta como experiencia viva

“La propuesta de esta zona es una arquitectura de contrastes”, describe Federico. Por un lado, tenemos la Cueva de las Manos, con su carga ancestral que nos obliga a hacer “ese viaje a otra era”, mientras que por el otro aparece la inmensidad del Parque Patagonia y la mística del Monte San Lorenzo. Sobre este último, Federico explica que es “el pico más alto de la provincia, mucho más alto que cualquier cerro del Chaltén, pero a la vez mucho más misterioso y que parecía inaccesible”. Hoy, en cambio, asegura que existen “propuestas regulares que lo visitan, que permiten caminar hasta la base y a sus glaciares”.

“Hay una Patagonia de cañadones que es imposible vivir en otra región”, explica Djeordjian. “Cruzar el Cañadón del Río Pinturas a pie, sintiendo la misma geografía que pisaron los pueblos originarios, es una experiencia que trasciende el turismo convencional”.

Es ahí donde la integración con Chile cobra fuerza, porque se siente como un territorio cultural compartido donde los municipios de ambos lados de la cordillera empiezan a entender que el paisaje no sabe de fronteras.

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Una temporada para redescubrir

El próximo martes 30, en Casa Santa Cruz, en Buenos Aires, se dará formalmente el puntapié inicial para esta temporada.

La idea es poner en valor esa porción norte de la provincia, “con eje en la cordillera, en la zona del noroeste, y también en la costa, en la región de Puerto Deseado”. Durante el evento, Federico adelantó que presentarán desde la nueva conectividad aérea hasta propuestas que ya se están convirtiendo en “nodos para la región”, como el avistaje de pumas en los cañones del Parque Patagonia o la aventura de llegar a los glaciares del Monte San Lorenzo. “Es la primera de muchas otras iniciativas que queremos llevar adelante el resto del año”, sostiene.

“Lo que buscamos es que el visitante entienda que esto no es un lugar de paso”, dice. “Es un lugar para detenerse, para dejar que el entorno te atraviese”. La expectativa es alta. Ya son más de un centenar los operadores inscriptos para las capacitaciones. Todos buscando capturar esa esencia de un destino que, aunque antiguo, todavía se siente, en gran medida, como un secreto bien guardado.

El noroeste santacruceño funciona como esos libros a los que uno vuelve cada tanto; no importa cuántas veces lo leas, siempre terminas encontrando algo nuevo en sus páginas. Y, como dice Federico, hay paisajes ‘impensados’, imposibles de imaginar hasta que los tenés ahí, frente a los ojos.

Quizá sea esa capacidad de sorprendernos la verdadera razón para seguir eligiendo esta Patagonia, que siempre tiene una historia nueva para contarnos.

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