Hay lugares que cambian cuando se los recorre despacio. Desde Los Antiguos, las cabalgatas de El Buen Samaritano se internan entre lagos, cañadones, ríos, bosques y estancias, con propuestas que van desde unas pocas horas hasta travesías de varios días.

Recorrer el noroeste de Santa Cruz a caballo puede comenzar con una salida de apenas dos horas o convertirse en un viaje de varios días, con noches junto al río, cruces por cañadones y encuentros con quienes todavía viven y trabajan en las estancias. Hay propuestas para quienes nunca montaron y otras que permiten internarse durante kilómetros en una región que todavía sorprende incluso a quienes llegan desde otros lugares del mundo.


Una de las cabalgatas parte desde una antigua estancia ganadera, fundada antes que Los Antiguos y actualmente integrada al Parque Nacional Patagonia. En el lugar todavía se conservan construcciones de aquella época, entre ellas un galpón de esquila.

“Vamos por los valles, por la costa del lago y subimos a un pequeño mirador donde apreciamos el lago y parte de la meseta. Es una vista muy linda y es apta para toda la familia”, cuenta Pablo Myburg, de El Buen Samaritano.

No hace falta tener experiencia previa. Reciben familias y cuentan con caballos preparados para quienes se suben por primera vez, incluso chicos desde los seis años.

“Les explicamos bien y el primer tramo los llevamos un poco de tiro. Una vez que el nene agarra confianza, es una primera experiencia muy linda”.

Dormir en el campo y seguir camino

Para quienes buscan ir más lejos, las travesías pueden extenderse durante varios días. El año pasado realizaron una de aproximadamente 200 kilómetros desde Los Antiguos hasta el cerro San Lorenzo, bordeando la Ruta Provincial 41.

“La devolución de la gente que la hace es de enamoramiento con el paisaje y con la vida del campo. Es un servicio personalizado, no suelen ir grupos grandes y entonces se genera un ambiente muy lindo”, cuenta Myburg.

A medida que avanzan, lo que aparece en el camino también se convierte en parte de lo que se cuenta.

“Vamos por huellas de los pioneros y les contamos un poco sobre las formaciones geológicas. Saliendo de Los Antiguos pasás por unas formaciones de arenisca muy lindas. Después, por el bosque, contamos sobre la fauna que vemos. Al turista europeo que viene le interesa saber, por ejemplo, del guanaco, qué hace, cómo vive, cómo come, qué hace en el invierno”.

En los recorridos más largos, un caballo pilchero lleva el equipo y las provisiones. El camino también puede abrir la puerta al encuentro con quienes viven y trabajan en las estancias.

“A veces acampamos a orillas del río y en alguna estancia podemos pasar y ellos nos cocinan. Hay muchas que están queriendo trabajar con el turismo y lo ven como una oportunidad. Ese intercambio con la gente que vive en el campo enriquece mucho la travesía”.

Para Myburg, esa convivencia permite conocer algo que va más allá del paisaje.

“Es muy lindo que las estancias sigan con sus animales, que se siga trabajando y que el turista pueda vivir esa experiencia de contemplar el paisaje con la vida verdadera del gaucho en esas zonas medio remotas. Les interesa cómo es su vida, cómo viven”.


Una travesía de dos días

Esta temporada, El Buen Samaritano sumó una alternativa para quienes quieren vivir una travesía a caballo sin embarcarse todavía en recorridos de varios días o muchos kilómetros.

“Salimos de Los Antiguos, vamos por dentro del cañadón del río Los Antiguos y después subimos a la estepa. Vamos entre el cañadón del río Los Antiguos, el cañadón del río Jeinimeni y el límite con Chile”, explica Myburg.

El recorrido combina cañadones, cruces de ríos y una noche de campamento en el campo.

“Hacemos noche a orillas del río, con carpa, asado, hacemos cordero. Cruzamos ríos, bordeamos lomas y cañadones. Es una travesía muy linda para el que es de acá de la región y quiera conocer un poco más, o para cualquiera que venga de otra parte del mundo”.

Los recorridos también cambian según el momento del año. Un mismo camino puede ofrecer paisajes completamente distintos de una temporada a otra.

Myburg recuerda, por ejemplo, una travesía de cinco días hacia Paso Roballos, a fines de noviembre, cuando al atravesar la zona del Cerro Colorado y Monte Zeballos se encontraron con las lenguas de fuego en plena floración. “Era impresionante, todo el paisaje rojo”.

Quizás por eso, aunque algunos caminos se repitan, la experiencia nunca termina siendo exactamente la misma. “Siempre el paisaje va cambiando y te va sorprendiendo, con avistajes de distintos animales. Cada travesía, cada salida, es una aventura nueva y una sorpresa”.

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