Desde Bariloche hasta Río Gallegos, una gira recorrió ciudades y pueblos de la Patagonia para promover uno de los destinos todavía poco conocido del noroeste de Santa Cruz: Parque Patagonia. Qué encontraron en el camino, qué sorprendió a quienes conocieron y por qué la próxima temporada llega con muy buenas expectativas.
Andrea Cárdenas y Gabriela Rüttimann llevaban mapas, folletos, fotografías y videos. Pero, sobre todo, llevaban mucho para contar. La gira comenzó en Bariloche y terminó cientos de kilómetros después en Río Gallegos, con paradas en pueblos y ciudades de la Patagonia. En oficinas de turismo, agencias, clubes de montaña, cafeterías y otros espacios repetían la misma experiencia: desplegaban el material y empezaban a hablar del Parque Patagonia.
“Mucha gente desconoce la zona. Quizás habían escuchado alguna vez, pero se sorprenden de los servicios que tenemos y de todo lo que se puede hacer”, cuenta Andrea.
El recorrido pasó por Villa La Angostura, El Bolsón, Esquel y Trevelin antes de continuar hacia el sur por la Ruta 40.


“Cuando empezás a contar sobre el parque, mostrás fotos, sus paisajes y las actividades que se pueden realizar, la gente se sorprende y pregunta cómo ir, cuándo comienza la temporada, cuánto tiempo quedarse o de qué manera llegar” relata.
En Villa La Angostura las esperaba una sorpresa. Esaú, un fotógrafo aficionado que ya conocía Parque Patagonia, se enteró de la gira y les ofreció dar una charla en el hotel La Escondida.
Caminar, mirar y levantar la vista
El parque cuenta con una red de 80 kilómetros de senderos, con diferentes niveles de dificultad y posibilidades de combinarlos. “Son senderos que, rodeados de paisajes únicos, que deslumbran por la inmensidad de la Patagonia”. Y mientras se camina, la fauna aparece.
“En el parque convivimos con fauna autóctona, son paisaje cotidiano los guanacos, los choiques, zorros y el cóndor, que vuela por los cañadones. La estrella del parque, el puma, se deja ver cada vez más, aunque es de naturaleza esquiva”, cuenta Andrea.
Cuando cae la noche, el cielo se convierte en otro espectáculo. “Estamos en una zona alejada de pueblos o ciudades, así que el cielo se ve sin contaminación, desparramando una variedad infinita de estrellas”, explica.
“En el planetario se brinda una explicación sobre la interpretación de los cielos patagónicos, para que puedan identificar constelaciones como Orión o la Cruz del Sur. Después, a la noche, pueden interpretar el cielo en base a lo aprendido”.

Dormir bajo el cielo de la estepa
Las propuestas de alojamiento son varias: una hostería de nueve habitaciones, dos campings organizados, tres campings agrestes, la posibilidad de dormir en motorhome y hace poco se inauguraron las yurtas patagónicas, una novedosa propuesta para dormir en un refugio en medio de la estepa.
El Mollar, uno de los campings organizados, cuenta con baños, duchas con agua caliente y un espacio común con salamandra. Cerca del planetario, se encuentra el otro camping con servicios: La Señalada, que también tiene un almacén de campo.


Desde la temporada pasada está la posibilidad de dormir en yurtas. Son refugios con camas que pueden reservarse individualmente y que permiten una experiencia más cercana a la de un camping para quienes no viajan con carpa, o motorhome.
Para Andrea, todas esas posibilidades pueden modificar también la forma en que se visita el destino. “con todas estas posibilidades, apuntamos a que la gente pueda quedarse más días para poder aprovechar todas las actividades disponibles”, explica.



Y, para terminar, Andrea vuelve a hablar del camino. “El acceso al parque ya es una excursión por sí misma. Los colores de la meseta van cambiando, la fauna te acompaña en el camino y después aparecen los cañadones, la estepa, los cerros y, al fondo, los picos nevados de la cordillera”.
Hay algo más difícil de mostrar en una foto. “Es un lugar que te transmite mucha paz y te recarga de energía. Son sensaciones que no se pueden poner tan fácilmente en palabras, hay que venir a vivirlas”.
